Viernes 24 de Diciembre de 2010
La nueva ministra de Seguridad ha dispuesto que la policía concurra desarmada a efectuar desalojos y disolver manifestaciones. Fundamenta su resolución en que así lo hacen países del Primer Mundo y logran de esa forma buenos e incruentos resultados, razón ésta suficiente para imitarlos. En mi opinión, no se ha detenido a analizar cuáles son las razones que explican por qué ellos pueden hacerlo. En esos países, en especial Gran Bretaña, existe un respeto y temor por el accionar policial forjado a través de siglos en los cuales la sociedad organizada le atribuyó el suficiente poder de disuasión y la facultad del uso de la violencia para mantener o imponer el orden establecido que hubiere sido vulnerado; además de fijar como un gran agravante el hecho de que un civil agreda a un funcionario policial. Nada parecido ocurre en Argentina tras la implantación de las políticas de los gobiernos K, que limaron y cercenaron las facultades de los cuerpos encargados de la seguridad hasta casi hacerlas desaparecer. Estamos cansados de observar elementos de la policía, agrupados unos al lado de otros, cobijados, agazapados, tras sus escudos y cascos, mientras las hordas enardecidas les arrojan todo tipo proyectiles. Los pueblos no desean una policía sin autoridad, débil. Estarán contentos de tener una que sea fuerte, que haga cumplir la ley, que mantenga el orden y en la que pueda apoyarse cuando lo necesite.
Jorge Augusto Cardoso, jcardoso@fibertel.com.ar