Martes 27 de Octubre de 2009
El ex policía bonaerense Juan Carlos Ruiz, que trabajaba en la Comisaría de la Mujer de la
ciudad de Martínez, fue condenado ayer a 18 años de cárcel por violar el año pasado a dos hermanas
de 17 y 19 años y a una adolescente de 15. La pena fue impuesta en un juicio que comenzó y culminó
en un día, ya que el acusado se confesó culpable y desistió de presentar pruebas en su defensa.
La sentencia fue dictada por el Tribunal Oral en lo Criminal 26 de
Buenos Aires. El fiscal del juicio, Marcelo Saint Jean, solicitó en su alegato 18 años de prisión,
la misma cantidad que le impuso el tribunal, mientras que la defensa solicitó 8.
Ruiz, de 37 años, fue acusado del secuestro de una joven de 15 años,
ocurrido el 21 de mayo de 2008, a quien trasladó a los bosques de Ezeiza y sometió durante una hora
y media, hasta que la liberó en la General Paz.
También fue acusado de haber secuestrado a dos hermanas de 17 y 19 años
el 2 de junio de ese año en la colectora de la autopista del Oeste, en la localidad de Haedo, y de
haberlas violado y luego abandonado también en la General Paz.
En ambos casos las modalidad era la misma: sorprendía a sus víctimas en
el barrio porteño de Mataderos, las llevaba al conurbano y luego de abusar de ellas las abandonaba
en en el límite entre la provincia de Buenos Aires y la Capital Federal.
Según las víctimas, el hombre no les confió su condición de policía,
pero a ellas les llamó la atención que cuando pasaba las cabinas de peaje en la autopista
presentaba la chapa identificatoria como agente de seguridad. Incluso, se supo cometía los ataques
en el auto de una amante.
Las tres víctimas se conocieron de casualidad porque concurrieron al
hospital porteño Santojanni de Mataderos, para buscar los resultados de los exámenes médicos.
Elaboraron un identikit del violador, que un mes después fue detenido cuando llegaba a trabajar a
la Comisaría de la Mujer de Martínez.
En el juicio el acusado se declaró culpable, lloró y dijo que no pedía
perdón porque sabía que no lo iban a perdonar, aunque desde la familia de las víctimas consideraron
la actitud una “puesta en escena” para aparecer como una víctima. Ninguna de las
víctimas estuvo presente en el juicio que se desarrolló a puertas cerradas. (DyN)