Políticos a contramano
Alguien dijo que la política es el arte de oscurecer lo que es claro; complicar lo que es sencillo y convertir en mar furioso el más apacible de los lagos. Hay políticos que suelen hacer lo contrario de lo aconsejado por las circunstancias.

Jueves 17 de Marzo de 2011

Alguien dijo que la política es el arte de oscurecer lo que es claro; complicar lo que es sencillo y convertir en mar furioso el más apacible de los lagos. Hay políticos que suelen hacer lo contrario de lo aconsejado por las circunstancias. Cuando deben tener la cabeza fría y despejada, la tienen caliente y cargada de entusiasmo o resentimiento. Cuando deben ser indulgentes, son intolerantes. Cuando deben actuar con humildad, lo hacen con soberbia y prepotencia. Cuando deben ser comprensivos, son tercos. Cuando se necesita experiencia, ponen ilustración, o a la inversa. Cuando son candidatos tienen el don de predecir con detalles todo lo bueno que va a suceder si ganan las elecciones, y después, cuando son gobernantes, no son capaces de explicar por qué no ha ocurrido. Cuando se les pide que vean la realidad, lo hacen con anteojos mal recetados que la deforman, o permanecen en la oscuridad de un rincón por temor a que la luz de la realidad les deje ver cosas que derrumben sus conjeturas. Cuando hablan en actos partidarios o preelectorales, algunos elevan considerablemente el tono de su voz aunque usen micrófonos. Hay quienes sostienen que quizás lo hacen pensando que una declamación gritona traduce energía y convicción en lo que se dice. Respecto a la energía, es común creer que ladrido estrepitoso traduce perro grande. Pero la naturaleza, tal vez por ley de compensaciones, ha puesto los ladridos sordos en el perro grande y los agudos y estridentes en el perro chico. Respecto a la convicción, bien dijo Leonardo Da Vinci: "Quien de verdad sabe de qué habla, no encuentra razones para elevar la voz".

Carlos Alberto Parachú

LE: 6.012.558