Martes 23 de Diciembre de 2008
El ojo del amo engorda el ganado. Arland explica "…el control público estatal será siempre insuficiente si paralelamente no resulta acompañado del control social. El problema de la corrupción no se soluciona únicamente con la existencia de instituciones de control, es decir con los mecanismos republicanos, la separación de poderes, la independencia del poder judicial; porque también estos mecanismos de control quedan inficionados de lo mismo…". En general, en países subdesarrollados (como el nuestro) las reglas administrativas son complejas, las regulaciones están pobremente definidas y los castigos por actos de corrupción no existen. Esto contribuye a crear un clima de deshonestidad haciendo que los funcionarios públicos sean "funcionales" en favorecer intereses privados. En Argentina se han elevado los niveles de corrupción en los últimos años, según señala Transparencia Internacional. Su filial en Argentina es Poder Ciudadano, su ex titular De Michele lo describe claramente: "La sensación de impunidad tiene una base objetiva: desde la oficina presentamos 500 denuncias, no hubo ni una condena y ninguna fue desestimada". El índice de corrupción muestra cómo nos ven en el exterior y esto obstaculiza inversiones y transacciones. El combate contra la corrupción no es sólo un problema ético-moral que se pueda asumir con conductas voluntaristas. Necesita de medidas objetivas y estructurales. La selección en el ingreso y carrera en la función pública (basada en el mérito y la capacidad, no al clientelismo político) creando una valoración de sus agentes y un clima de transparencia en toda la sociedad. Normas claras, programas de información y participación del ciudadano, control de gestión gubernamental y supervisión de funcionarios y agentes públicos.
Silvia Buonamico, silviabuonamico@yahoo.com.ar