Pobreza y neoliberalismo
Hace pocos días la presidenta de la Nación dispuso, a través de un decreto de necesidad y urgencia, que aquellos desocupados y trabajadores en negro reciban una asignación mensual de 180 pesos por cada uno de sus hijos menores de 18 años.

Miércoles 04 de Noviembre de 2009

Hace pocos días la presidenta de la Nación dispuso, a través de un decreto de necesidad y urgencia, que aquellos desocupados y trabajadores en negro reciban una asignación mensual de 180 pesos por cada uno de sus hijos menores de 18 años. Con esta decisión el gobierno nacional no hizo más que reconocer que la desocupación y el trabajo informal afectan a millones de argentinos, que la pobreza está entre nosotros. Reconoció también que se estaba en presencia de un paliativo para los sectores carecientes, pero que de ninguna manera implicaba una solución. La pobreza es una tragedia. Degrada al hombre material y espiritualmente. Lo obliga a sobrevivir en condiciones infrahumanas, en un ambiente donde el hacinamiento, la promiscuidad y la insalubridad imponen su ley. Ahora bien, ¿por qué hay pobreza? A mi entender, la existencia de pobres es el resultado de la aplicación de una política económica y social que inexorablemente condena a un importante sector de la población a la marginalidad. El neoliberalismo, al sustentarse en la explotación del hombre por el hombre, divide a la sociedad en dos sectores antagónicos: los dueños del poder económico y los dueños de la fuerza laboral. Entre ambos protagonistas surge una relación en virtud de la cual la clase trabajadora no tiene más remedio que aceptar las reglas de juego que le imponen los dueños de los medios de producción. A raíz de la existencia de un impresionante y macabro ejército de desocupados los trabajadores que logran ingresar al mercado laboral trabajan todo el día para recibir unas monedas, apenas las que necesita para sobrevivir. Mientras tanto, la patronal incrementa su patrimonio de manera proporcional al aumento de la pobreza. Los dueños del poder real se hacen cada vez más ricos y los trabajadores, cada vez más pobres. La pobreza, entonces, no es el resultado de una maldición o de una decisión divina. Por el contrario, es la consecuencia de decisiones tomadas por los poderosos para crear un sistema que beneficie exclusivamente sus intereses. El neoliberalismo no es más que una ideología que encubre la satisfacción de los apetitos de la clase dominante. Para que no haya pobreza deben desaparecer la explotación del hombre por el hombre, el abuso de poder, la domesticación por el terror al desempleo, la desesperación por pasar a ser un muerto civil. Para que no haya pobreza debe desaparecer el neoliberalismo.

Hernán Andrés Kruse,

hkruse@fibertel.com.ar