Pobreza, caridad y salida
De vez en cuando, dirigentes de todos los sectores se acuerdan de la pobreza. Días atrás, el Papa Benedicto XVI definió como escandalosa la pobreza en nuestro país. Como de costumbre, periodistas y políticos opositores aprovecharon la oportunidad para hacer blanco en el gobierno.

Jueves 13 de Agosto de 2009

De vez en cuando, dirigentes de todos los sectores se acuerdan de la pobreza. Días atrás, el Papa Benedicto XVI definió como escandalosa la pobreza en nuestro país. Como de costumbre, periodistas y políticos opositores aprovecharon la oportunidad para hacer blanco en el gobierno. Y no está mal que así sea, si las críticas son bienintencionadas; si apuntan a revertir una situación y no a llevar agua al molino propio. El gobierno tiene la obligación de combatir esta dramática situación, pero no con subsidios, planes, ni limosnas parecidas. Tampoco el Papa y la Iglesia en su conjunto proponen una verdadera solución al tema. Las campañas, las colectas y demás acciones "solidarias" sólo disfrazan la situación, disminuyen el impacto pero no eliminan la pobreza: la potencian. Porque la pobreza no es genética ni tampoco es una epidemia. La pobreza no viene de la nada. Nadie es pobre porque elige serlo. Tiene su origen en la ambición, la explotación y la corrupción y no es ocasionada sólo por la ineficiencia del gobierno de turno. La pobreza no se elimina con las palabras huecas de quienes se conduelen ante las cámaras de televisión. La brecha entre los más ricos y los más pobres no es una relación casual sino causal. Los pobres son pobres porque los ricos son ricos. Y esto se resuelve sólo en términos de devolución. Lo que unos tienen de más es lo que los otros tienen de menos. La equidad, la redistribución, la eliminación total de la pobreza será el resultado de un sinceramiento de esta situación. Los dirigentes —oficialistas y opositores— deben diseñar los mecanismos para que esa devolución se convierta en realidad. Y los que más tienen deben frenar su ambición. No perder, sino ganar menos. Pero para eso hay que dejar de lado el simulacro por parte de todos aquellos que se rasgan las vestiduras ante lo que existe desde hace mucho. Mientras la solución se piense desde los subsidios, el asistencialismo, las colectas, los comedores comunitarios y otros paliativos humillantes, la pobreza —en nuestro país y en todo el mundo— seguirá siendo el escándalo de toda la humanidad.

Gustavo Rosa, DNI 16.536.260