Pobre Clemente
La noticia de la muerte de Carlos Loiseau, Caloi, me golpeó como nos golpean todas las desapariciones de artistas que se han metido en nuestras vidas a fuerza de talento. ¡Pobre Clemente! La exclamación tan atronadora como muda, encerrada entre las paredes de mi conciencia, me reveló la esencia de los artistas populares.

Miércoles 09 de Mayo de 2012

La noticia de la muerte de Carlos Loiseau, Caloi, me golpeó como nos golpean todas las desapariciones de artistas que se han metido en nuestras vidas a fuerza de talento. ¡Pobre Clemente! La exclamación tan atronadora como muda, encerrada entre las paredes de mi conciencia, me reveló la esencia de los artistas populares. Me sorprendí a mí mismo condoliéndome con un personaje de historieta que se quedó huérfano. Tal es el poder y la presencia de estas criaturas, hijas de la sensibilidad de un hombre que les dio vida para que hablen de nosotros, los hombres finitos y falibles. Puede parecer pueril una reflexión como esta en medio de un mundo que no deja de propinarnos golpes mortales con su caótico devenir. Dicen que la especie humana es la única que se dedica a eliminarse entre congéneres. Quizá sea una verdad como otras tan crueles que debemos descubrir a lo largo de nuestras vidas, pero también suceden estos milagros. La muerte de Caloi es una pérdida irreparable porque él fue una pieza única de esta historia y nadie podrá ocupar su lugar. Sin embargo, sus hijos (de la sangre y de la tinta) siguen la historia. Bartolo y Clemente, en su orfandad, nos necesitan ahora. Un abrazo para ellos y un ¡chau! para Caloi.

Marcelo Menichetti