Martes 17 de Noviembre de 2009
Leo con dolor en La Capital: "Sebastián Pira puede volver a pisar la ciudad de la que escapó hace 12 años sin temer consecuencias penales por el accidente que protagonizó en marzo de 1997 cuando atropelló y mató a dos chicas en Salta y Oroño". Yo tenía 23 años y el recuerdo de esa jornada trágica y los hechos sucesivos siempre está presente en mi memoria. No conocí a las víctimas, tampoco al victimario. Pero con el paso del tiempo Daniela y Celeste se volvieron un poco parte de la vida de muchos rosarinos que entendimos la magnitud de la injusticia, que sentimos casi como propias la impotencia y la angustia de esas familias destrozadas por la imprudencia y la soberbia. En estos 12 años fui madre. Entonces comprendí mucho más el dolor de Celia, la mamá de Celeste, destrozada por la pena. Entonces entendí aún más la mirada perdida de Felipe, el papá de Daniela, y de cada uno de sus familiares. Entonces, entendí mucho menos a los padres de Sebastián Pira. ¿Le dieron la libertad? ¿Pudieron devolverle "la vida" a su hijo cuando seguramente quedó trunca la misma noche del accidente y mucho más con la fuga? ¿Puede Sebastián Pira descansar por las noches, disfrutar de un helado, de una relación de pareja, puede o podrá mirar a los ojos a sus hijos algún día, enseñarles a remontar un barrilete, contarles acerca de Papá Noel o de lo importante de alcanzar los sueños? ¿Puede él abrazar y celebrar la vida, pueden sus padres? Hay un recorte del diario que todavía guardo en mi mesita de luz, no supe nunca bien por qué. Allí, Celia, decía: "Mi vida quedó marcada, es durísimo sentir a la naturaleza contrariada; en la soledad, mi refugio es el dolor, pero afuera tengo que seguir". Lo dijo en una de las tantas marchas del silencio que encabezó, hasta que no pudo más y fue a reunirse con su amada hija. Hoy la Justicia dice que Pira puede volver. No siento odio, simplemente porque no tengo derecho, simplemente porque ni Celia ni Felipe ni nadie del entorno de las chicas lo ha demostrado jamás. Hoy Pira tiene la venia de la ley para regresar, sólo eso. Celeste y Daniela, Rosario no las olvida. Pira, a vos tampoco.
María Angeles Figueroa, figueroamaria73@hotmail.com