Sábado 23 de Junio de 2012
Si se preguntase a cualquier mortal ¿cuáles son las tres pinturas más famosas del mundo?, sin dudar mencionarían a La Gioconda, de Da Vinci; Las Meninas, de Velázquez, y el Guernica de Picasso. Sobre esta última pintura puede decirse que Picasso pintó su obra cumbre para dar testimonio sobre los horrores de la guerra. Precisamente sobre la ciudad de Guernica, aviones alemanes descargaron en 1937 durante más de tres horas innumerables bombas sobre la población civil provocando el espanto en cientos de indefensos ciudadanos. Solo dos desquiciados como Adolfo Hitler y Francisco Franco, aliados durante la guerra civil española, pudieron pergeñar tan demoníaco plan con el objeto de aterrorizar a la población civil y hacer así más sencilla la rendición del pueblo vasco. Ciento veinte muertos y cientos de heridos fue el saldo de este brutal crimen. De este brutal modo intentaba Franco derrotar al pueblo vasco mientras la fuerza aérea alemana hacía su bautismo de fuego y demostraba al mundo de lo que era capaz. Lamentablemente no tuvimos en nuestro país alguien con el espíritu ni la valentía de Picasso para dar testimonio de un horror aún más grave de lo sucedido en Guernica. El 16 de junio de 1955 y con el objeto de derrocar al general Perón por entonces a cargo de la presidencia del país, una parte facciosa de la Marina argentina, la aviación naval, bombardeaba y ametrallaba la Plaza de Mayo y la Casa de Gobierno causando la muerte de 308 personas y más de 700 heridos, constituyendo, irónicamente, el bautismo de fuego de la Aviación Naval Argentina. Así fue como estos oficiales de la Marina demostraban su valor sobre un poderoso enemigo, constituido por trabajadores, mujeres y niños. La violencia desplegada, de una magnitud nunca vista anteriormente en la Argentina, con la cual se ejecutó el hecho y el desprecio por la vida de las personas, debería merecer emparentar esta situación con el terrorismo de estado. Lamentablemente la ignorancia supina que envuelve a esta situación no hace más que agraviar doblemente a las víctimas y sus familiares. Por un lado por haber sufrido tan horrorosa situación, y por el otro por condenarlos al olvido. Para las víctimas de aquel fatídico 16 de junio de 1955 y sus familiares mis respetos; para sus victimarios y cómplices de todos estos años por tratar de mantener oculta semejante ignominia mi más profundo desprecio.
Claudio Mustachi / DNI 14.444.819