Martes 30 de Marzo de 2010
El juicio oral y público contra seis personas detenidas en 2008 al ser desbaratadas las primeras
cocinas de cocaína en Rosario cerró ayer en los Tribunales Federales con los alegatos de las
partes, enfervorizados pedidos de las defensas para que se anule el proceso y la perspectiva de
altas condenas si prospera el pedido del fiscal Marcelo Degiovanni, quien pidió 12 años de prisión
para tres de los imputados y 10 para otros dos.
Las severas penas requeridas por el fiscal contrastaron con el unánime
pedido de las defensas para que se anule el trámite penal por irregularidades en la pesquisa
policial y en el juicio. Los abogados objetaron que la investigación se haya iniciado con la
declaración de un testigo de identidad reservada que sería pareja de uno de los implicados. En
forma coincidente, pidieron la absolución de sus clientes por cuestiones técnicas o falta de
pruebas. Hoy a las 17 se conocerá el veredicto.
En el juicio se ventiló un operativo del 29 de mayo de 2008. La policía
informó entonces que en diez allanamientos se habían desmantelado dos cocinas de cocaína,
secuestrado 30 mil pesos en efectivo y ocho armas de fuego. El procedimiento principal fue en
Fragata Sarmiento 3348, donde encontraron siete kilos de cocaína en grano y en polvo, precursores
químicos, botellas de éter y elementos para el corte. En San Lorenzo al 8500, en el barrio Los
Gráficos, también se halló una cocina: 3 kilos de cocaína en panes, precursores químicos, cintas de
embalar y una balanza.
Seis fueron los detenidos ahora acusados ante el Tribunal Oral Federal
Nº 2, integrado por Omar Digerónimo, Ricardo Vázquez y Santiago Harte. Son Marcelo Sessia,
sindicado como jefe de la organización; Juan Romero y Jorge Selerpe, acusados de cocinar la pasta
base; María Isabel Marín, de tener la cocina en su casa; Hernán Batalla, de comercializar droga, y
Fabián Rebolledo, de integrar el grupo. La imputación judicial es genérica para todos: tráfico de
estupefacientes cometido por tres o más personas.
El eje en las escuchas. En su alegato, el fiscal Marcelo Degiovanni solicitó ayer
penas elevadas para cinco de los acusados, a quienes les imputó la figura penal de fabricación,
elaboración y venta de estupefacientes, agravado por la actuación de tres o más personas. Para
Sessia, Selerpe y Romero pidió 12 años como principales referentes de la organización. Para Marín y
Rebolledo, 10 años de cárcel en su calidad de partícipes. Para Batalla solicitó 4 años de prisión
ya que consideró que tuvo una colaboración secundaria. Batalla es el yerno de Romero y está en
libertad.
El fiscal detalló que la pesquisa se inició cuando una persona con
identidad reservada denunció en la comisaría 8ª a personas vinculadas con el tráfico de drogas.
“Explicó con detalles los lugares donde se movían los sospechosos y las formas como
concretaban sus actividades ilícitas”, indicó. A raíz de esta información, agentes de la ex
Drogas Peligrosas iniciaron una investigación y se realizaron escuchas telefónicas. El fiscal
recordó que en uno de esos contactos se escuchó que Selerpe le dijo a otra persona “estoy
secando” y que su interlocutor le respondió: “Sí, lo estoy esperando, está
vendido”.
Nulidades en masa. Por la tarde, a su turno, los defensores atacaron el modo como
se inició la investigación y señalaron que ciertos vicios contaminaron las pruebas posteriores.
Objetaron que todo comenzara con la denuncia de un testigo de identidad reservada. Dijeron que esa
reserva debe sostenerse ante un “peligro cierto” que no fue demostrado en el caso. Y
que la imposibilidad de interrogar al testigo privó a las partes del control de la prueba.
También cuestionaron que la reserva de identidad fuera declarada por la
fiscalía cuando, según plantearon, es una atribución del juez instructor. Le reprocharon al
tribunal que le permitiera no declarar en el juicio a la ex pareja de uno de los detenidos que,
suponen, sería la denunciante que dio origen a la causa. Y atacaron el agravante por la
participación de tres o más personas, organización que —remarcaron— no fue probada.
Las defensas plantearon que todo esto afectó la imparcialidad de los
jueces, el derecho a un debido proceso y a la defensa en juicio. Por eso pidieron la nulidad del
juicio, lo que acarrearía la absolución de todos los acusados. El enérgico reclamo se hizo oír en
cada uno de los defensores, que hicieron reservas para acudir a la Cámara de Casación en caso de
ser denegado su pedido.
También criticaron las escuchas telefónicas por haber sido ordenadas sin
más justificación que dos actas policiales. “Nuestra hipótesis es que esta investigación se
inició ilegalmente. Para este tribunal el fin justifica los medios y así no sirve. La policía quizá
no tiene malos datos. Lo que tiene es una forma inmunda e ilegal de llevar a cabo sus
investigaciones. Y siempre se los termina apañando. Si se hicieran las cosas bien, media ciudad
estaría presa, incluidos algunos policías. Hay que educar a la policía para que haga las cosas bien
y ustedes son los encargados de ponerle el límite”, le dijo al tribunal la defensora de
Selerpe, Nora Gaspire, .
Uno por uno. Respecto de Sessia, el abogado Fausto Irure reclamó la absolución de
su cliente por falta de pruebas o, en caso de ser condenado, que le apliquen la pena mínima de 4
años de prisión. Para Romero la defensora Susana Zulkarneinuff también solicitó la absolución.
La abogada Gaspire, quien representa a Selerpe junto a Marcelo
Piercecchi, dijo que “ninguna prueba acredita su participación” a excepción de partes
de inteligencia. Para condenarlo, dijo, “hay que manejarse creyéndole a la policía, que no
goza de una presunción de veracidad”. Pidió la absolución o la pena mínima.
Marín, ex pareja de Selerpe, fue detenida en el operativo realizado en
Fragata Sarmiento 3348. Cuando fue atrapada, según declaró en el juicio uno de los policías,
exclamó: “Yo me hago cargo de esta gilada. Yo cocino”. Gaspire enfatizó que nada prueba
esos dichos y solicitó su absolución o que le impongan 3 años en suspenso por facilitamiento de
lugar.
En cuanto a Rebolledo, Adrián Ruiz y José Ferrara, remarcaron que no fue
nombrado por la denunciante del caso. Reclamaron la absolución o una pena de 2 años en suspenso
como partícipe secundario.