Jueves 08 de Noviembre de 2012
No pediré que se avergüencen los empresarios, la intendenta o el Concejo Municipal porque entre mis defectos no está el de ser ingenuo. De hecho para que algo así ocurriese deberían importarles como mínimo los ciudadanos, en cuanto a su bienestar y respeto. Regularmente, tengo la desgracia de necesitar el servicio de la línea 128, desde la terminal de ómnibus hacia zona sur. Vez tras vez en que debo aguardar por esa línea siento el desamparo social que produce la desidia empresarial y la inoperancia política. El martes pasado fue el colmo. El maltrato habitual de esta línea, cuya frecuencia es de 40 minutos cuanto menos, llegó al basureo, por decirlo suavemente. Luego de 65 minutos insoportables no sólo por la espera, sino por el estado que produce la injusticia de estar en manos de empresarios sinvergüenzas y de políticos inoperantes, opté por tomar un taxi. Estuve allí exactamente desde las 12.45 hasta las 13.50. En la fila de personas (víctimas) que esperábamos el 128 no faltaron quienes hablaban de tomárselas con el chofer. (¿A esto hay que llegar?) Cuando me fui de la amansadora la fila contaba con unas 40 personas. Realmente me apenó, señora intendenta, que usted no pasara por ahí casualmente, o algún concejal de esos que se maquillan antes de dar notas a la TV. Le hubiésemos comunicado lo humillante que es el menosprecio y/o el sentimiento que produce llegar de viaje con la fatiga que ello implica para pudrirse en una parada de colectivos. Esos 40 ciudadanos que esperábamos vanamente el 128, serán unos 300 a lo largo del día y varios miles por mes. Pero, ¿a quién le importan unos miles de ciudadanos basureados por una empresa? Comprendo que usted, señora intendenta, no está para estas pequeñeces, su cargo e investidura merecen ocupase de situaciones relevantes. Si el servicio olvida a los usuarios ¿qué importa? No preguntaré qué tipo de sanción será aplicada contra la empresa porque resulta obvio que ninguna, en absoluto. A los 600 o 700 mil usuarios del transporte urbano de pasajeros les recuerdo que el servicio no lo brindan las empresas hacia nosotros, sino que ellas se sirven de los usuarios, y lo hacen bajo la completa pasividad de una clase política aburguesada en sus despachos y hambrienta de votos cuando sus dietas están en juego.
Hugo Méndez