"Perotti debería reordenar el gabinete y darle protagonismo al kirchnerismo"
Juan José Giani | Bio | Licenciado y profesor en filosofía. Docente de la UNR. Ex concejal de Rosario. Director del Centro de Estudios para el Pensamiento Argentino. Su último libro es "Peronismo. Sus desafíos 2020: macrisis y pandemia"

Domingo 20 de Diciembre de 2020

Para el licenciado y profesor en filosofía Juan José Giani, el mayor mérito de Alberto Fernández en su primer año de gestión, atravesado por la crisis previa y la pandemia, es que la situación no se haya desmadrado: gracias a una serie de políticas que tomó el gobierno, destaca, el sistema de salud no colapsó y los barrios populares no se incendiaron.

Entrevistado por La Capital, el ex concejal rosarino se muestra indulgente con los distintos gobernantes, indica que Cristina está frente al desafío de construir “un sistema de sucesión no traumático” y analiza el estado de ebullición del peronismo santafesino.   

—Empecemos por la pandemia, el gran hecho social de este año. Más allá de que se esté empezando con la vacunación, ¿cuáles son las marcas que ya dejó el Covid-19 en la sociedad y la política?

—Estamos ante un fenómeno no sólo inesperado, sino parcialmente incognoscible. Todavía los especialistas, que fueron los que abastecieron a los gobiernos, todavía desconocen varios aspectos del virus. Esto impacta mucho en la psicología colectiva. Una cosa es que haya un problema que a uno lo afecte, pero esté debidamente diagnosticado y se establezca un horizonte de solución, y otra cosa es que eso no ocurra. No se puede hacer política en ningún lugar si uno no parte de advertir la enorme angustia social que produce el coronavirus, en todo sentido: económico, afectivo, sexual. Esto es algo que no se va en dos meses. Por otro lado, el Covid-19 no sólo le cambió la agenda a los gobiernos sino que los obligó a convivir con la improvisación, a tomar decisiones urgentes sobre un terreno en gran medida desconocido.

   

—¿Cómo evalúa en este marco el primer año de gobierno de Alberto Fernández?

—Siguiendo con lo que acabo de decir, tiendo a ser indulgente con los gobiernos. Hay una tensión entre sociedades que están angustiadas y piden soluciones, y gobiernos que están desbordados por la situación y no necesariamente por su impericia, aunque pueda haberla en un caso. Fernández asumió con una bomba de tiempo, que estaba ahí aunque no hubiera existido la pandemia. Los aciertos fueron advertir muy tempranamente la dimensión del problema, dictar la cuarentena temprana y establecer una rápida asistencia a los sectores más perjudicados por la cuarentena. Lo fundamental es que la situación no se salió de madre, que podría haber pasado en el sentido más dramático de la palabra: que colapse el sistema de salud o se incendien los barrios populares.

   

—¿Y cuáles fueron los errores?

—Hubo un momento donde la situación estaba concentrada en el Amba y no se visualizó con suficiente nitidez el peligro de que esa situación se expandiera al interior. Por otro lado, Alberto le dio una excesiva importancia a temas que no la deberían haber tenido en este contexto, como la reforma judicial.

   

—Teniendo en cuenta las idas y vueltas con el tema Vicentin y la demora en presentar el aporte extraordinario de las grandes fortunas, ¿ve decepción en parte de los votantes o militancia del oficialismo?

—No quiero ser autorreferencial, pero creo que este diagnóstico es compartido por la gran mayoría del Frente de Todos, incluso por quienes no lo votaron. Alberto es una figura que ha logrado un nivel no desdeñable de consenso. También es cierto que hay una cantidad de compañeros muy respetables —pero que no representan un volumen importante— que esperan un mayor nivel de audacia, un revival del 2003.

   

—Durante todo el año se habló de la relación entre Alberto y Cristina y el funcionamiento de la coalición, ¿Cuál es su mirada?

—Es una situación absolutamente inédita, tanto en la historia política argentina como latinoamericana: la vicepresidenta es una figura con un enorme capital simbólico y electoral, y convive con la principal figura del país, que es el presidente. Esto fue así porque sin la unidad no se le ganaba a Cambiemos y Cristina no contenía a todo el peronismo. Cristina advirtió que no era su tiempo y que no se sostiene el nivel de polarización que hubo en el kirchnerismo o el primer peronismo. Eligió a Alberto, que fue muy crítico de ella en ciertos temas, y tiene una forma de liderazgo más adecuada para la situación de la Argentina actual. Me gustaría que sea más audaz en algunas cosas pero comprendo esta compleja trama que estamos describiendo. De todos modos, creo que teniendo en cuenta la complejidad de su origen la coalición ha funcionado razonablemente bien.

   

—Algo que circula mucho en redes sociales, mitad en broma y mitad en serio, que Alberto cita demasiado a Raúl Alfonsín. ¿Cómo es esa relación entre una visión más socialdemócrata del liderazgo y la matriz populista del peronismo?

—Aunque Cristina recuperó a Alfonsín y en Sinceramente al Perón del ‘73, el kirchnerismo siempre fue un movimiento mucho más conflictivista, decisionista. Alberto es una figura más institucionalista; es raro que un peronista diga que no cree en los personalismos. De todos modos, si uno ve la historia del peronismo observa que siempre tuvo dos caras: una más antagonista, y otra más comunitarista, que plantea concordia social. Cristina representa más la primera, y Alberto la segunda. Tendrán que convivir.

   

—Vuelvo al reconocimiento de Cristina de que su tiempo ya pasó. ¿Alberto encarna una etapa de transición o puede inaugurar un nuevo ciclo del peronismo?

—Cristina tiene el desafío de lograr lo que en general los liderazgos populares no pudieron hacer: construir un sistema de sucesión no traumático. Alberto representa una sucesión del peronismo clásico, y Máximo y Axel Kicillof la del kirchnerismo. Por otro lado, debería pensar que el ciclo de Alberto debería durar ocho años. Si le va más o menos bien a su gobierno, debería ser candidato a la reelección; si no funciona, le va mal a todos.

   

—Lo bajo a la provincia, ¿Cómo analiza la situación del peronismo santafesino, y el conflicto entre el Ejecutivo y el Senado?

—Es un panorama muy traumático. Evidentemente, desde el principio de la gestión de Omar Perotti hubo tensiones que fueron escalando. Esto no es nuevo, porque en el peronismo siempre hubo diferencias; el dato es que volvió al poder después de doce años.

   

—¿Se puede suturar la herida, teniendo en cuenta que a Perotti le quedan tres años de gobierno y el 2021 es un año electoral?

—Es difícilmente suturable. Por eso creo que hay que reconstruir un sistema de gobernabilidad. Es un dato muy llamativo que la provincia de Santa Fe lleve 45 días sin ministro de Gobierno. Perotti va a tener que establecer un vínculo más intenso con el kirchnerismo en la provincia. Debería reordenar su gabinete dándole mayor protagonismo al kirchnerismo, porque es el sector más importante que apostó por su triunfo y que actuó en general con mucha responsabilidad, sabiendo que hubo diferencias y las sigue habiendo.