Perdonemos a nuestros deudores
El hecho de público conocimiento que tuvo lugar en el Instituto Cristo Rey de Rosario el lunes 28 de febrero, en ocasión del comienzo del ciclo lectivo, es sencillamente bochornoso.

Miércoles 09 de Marzo de 2011

El hecho de público conocimiento que tuvo lugar en el Instituto Cristo Rey de Rosario el lunes 28 de febrero, en ocasión del comienzo del ciclo lectivo, es sencillamente bochornoso. Que los alumnos hayan sido separados de sus respectivos cursos por problemas administrativos es haber hecho recaer en el más débil el peso del rigor de "las inhumanas leyes" cuando se trata de castigar al deudor. En este caso, el blanco fueron los niños. Leo en La Capital que el "titular del Servicio Provincial de Enseñanza Privada (Spep), Germán Falo, destacó que si se comprueba que los dichos de los padres son ciertos, las autoridades del colegio nos van a tener que explicar detalladamente cuál fue la intencionalidad y qué justificativos hay". Sea como fuere, no hay forma de justificar el hecho ni desde el punto de vista pedagógico, ni humano y mucho menos cristiano. No hay forma de explicar por qué se avergüenza así a un menor, se lo pone en evidencia y se lo excluye del grupo de pertenencia quedando a la espera de una resolución de conflictos (de cualquier tipo que sea) surgida entre adultos. No existe argumento basado en ninguna norma ética que pueda sostener la situación planteada y tampoco es posible creer que los padres se hayan puesto de acuerdo para no referir hechos ciertos y por otro lado, están las reales víctimas de este hecho que son los alumnos. Ninguna consideración se puede agregar a esto que no sea condenatoria de quien lo ha producido. En este caso, además de ser una escuela donde se forma a los ciudadanos del futuro, es un establecimiento educativo confesional católico, cuyo ideario se supone inspirado en la palabra de quien entre tantas maravillas dijo "dejad que los niños vengan a mi" (Mateo, 19;14) y "es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja a que un rico entre al Reino de los Cielos" (Mateo, 19;24). Maestro y Profeta, al que hechos como este le dan oprobiosamente la espalda. Una vergüenza; desde ya urge una pública disculpa.

Carlos Italiano