Perder con dignidad
Es de buen perdedor reconocer la superioridad del que gana. Aspiro a ser buen perdedor. Por eso acepto que, exento de ciertas ventajas, no estoy en condiciones de competir. Yo apenas si puedo defender lo que digo.

Sábado 07 de Noviembre de 2009

Es de buen perdedor reconocer la superioridad del que gana. Aspiro a ser buen perdedor. Por eso acepto que, exento de ciertas ventajas, no estoy en condiciones de competir. Yo apenas si puedo defender lo que digo. Y Arturo Araujo, presidente del Colegio de Abogados de Rosario, tiene la facultad de leer la mente. O cree tenerla. Entonces no sólo debate con lo que escribo, lo que es bienvenido, sino que, con la convicción de gobernar mi cerebro, le describe al público mis emociones. Sólo así se entiende que, en su carta de ayer, dedique tanto fervor a mis sentimientos. El domingo se publicó un texto con mi firma dando cuenta marginalmente de que, entre los procesados por la llamada "causa Segovia", se encuentra un profesional del Derecho que fue secretario del Tribunal de Etica del Colegio de Abogados. Araujo detecta en mí un evidente "regodeo, fruición, deleite" que sería, si descifro bien, lo que me impulsa a mencionar tal cosa. Una jueza federal procesa a un ex colaborador de un tribunal de ética de los abogados por considerarlo lavador de dinero del presunto mayor traficante de estupefacientes de la Argentina. Hasta ayer entendía que tal cosa era algo con sustento periodístico y de interés público. Ahora Araujo me ayuda a descubrir una secreta perversidad en mis intenciones. También me brinda una clase de respeto debido a las garantías por mencionar a un acusado en un proceso no terminado. Pienso que podría extender su enseñanza a la jueza del caso. Porque tanto en su resolución como en el artículo se habla, con recaudos comprobables, de personas no condenadas, dando este diario el mismo tratamiento que a cualquier individuo en esa condición en publicaciones semejantes. Además Araujo defiende al Tribunal de Etica de su colegio y explica su funcionamiento, como si al señalar a una persona se hubiera agraviado a los órganos de la entidad que preside o a sus encargados. Me reprocha que adoso el currículum del mencionado abogado cuando por fuera de la acusación apenas señalé —recién en el párrafo 17 de un artículo de 19— el detalle de haber sido secretario del tribunal aquel. Y dice que eso ocurre reiteradamente cuando es la primera vez que lo hago en un artículo mío. Como Funes el memorioso, que de un solo vistazo percibía todos los vástagos y racimos y frutos de una parra, Araujo tiene una habilidad sobrenatural para ver infinitas cosas en mis textos. Más trivial, sin esas capacidades sensoriales, sólo me queda aceptar mi inferioridad y revisar mis sentimientos escondidos e innobles.

Hernán Lascano

N. de la R.: De esta manera, el jefe de la sección Policiales de La Capital contesta a la carta del presidente del Colegio de Abogados, Arturo Araujo, publicada en la edición de ayer.