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Pepe Cibrián Campoy llega con "Marica", una obra por la dignidad en el Broadway

El actor, dramaturgo y director, se presenta por primera vez en Rosario con el monólogo que dedicó a la memoria de Federico GarcÍa Lorca. La obra se mostrará hoy, a las 21.30, en el teatro Broadway (San Lorenzo 1223).

Viernes 29 de Agosto de 2014

Pepe Cibrián Campoy no para de generar proyectos, y tampoco de hablar. Al final, pide disculpas sin necesidad. Su verborragia es como una ola que deja en la orilla recuerdos, poesía, desencanto, alegría, dolor, entusiasmo, sufrimiento, esperanza. El actor, dramaturgo y director, recordó porqué escribió "Marica", la obra que mostrará hoy, a las 21.30, en el teatro Broadway (San Lorenzo 1223). Cibrián, que tiene en cartel el musical "Mireya", también adelantó el próximo estreno de "Lifting", la obra que dirige, y su nueva incursión en la actuación en "El hombre de la Mancha", luego de "Priscilla".

En "Marica", parte de la cual leyó cuando fue invitado al Senado durante el tratamiento del la ley de Matrimonio Igualitario, Cibrián Campoy imaginó el encuentro final entre Federico García Lorca y su asesino, y señaló que "no es una apología de la homosexualidad", sino de la dignidad. El creador, que, además, dará un seminario hoy y mañana, de 14 a 18, dijo que el unipersonal con el que fue al Festival de Teatro de Formosa, y que también presentó en Miami y en Cuba, le dio "muchas satisfacciones impensadas". "Todo es impensado para mí cuando va bien. Nunca me creo mucho que va a ir bien nada. Y fue una evolución", dijo autocrítico.

—¿Cómo surge tu interés por García Lorca?

—Federico está en mi cabeza desde muy chiquito porque mis abuelos paternos, que eran dos figuras muy importantes del teatro en España, estrenaron a Benavente, a Jardiel Poncela, a Lorca. Eran amigos de él. Cuando ellos obviamente fueron al exilio, porque eran republicanos, en Buenos Aires venían Alberti, Casona, Antoñó, que fue el escenógrafo de Federico toda la vida. Toda gente muy interesante. Eran todos exiliados. Yo los escuchaba siendo chiquito. Eran tan maravillosos, y un día decidí escribir algo sobre Lorca.

—¿En qué te basaste?

—Había leído sus obras y empecé a investigar en su vida. Pero no tenía ganas de hacer una cronología. Entonces se me ocurrió escribir lo que para mi hubiesen sido las horas antes entre Federico y su asesino, que no se sabe quién es. Es muy surrealista, Federico habla de su muerte, de su vida. Aparece su padre, su madre, Salvador Dalí. Un día a través de un alumno, me invita el decano de la Facultad de Medicina para hacer cuatro lecturas a beneficio del Hospital Garrahan. Gustó muchísimo. Antes me invitan en el Senado de la Nación para hablar sobre mi postura sobre la ley de Matrimonio Igualitario, que era a favor. Y yo, ante la sorpresa de quien me invitó, saqué ese monólogo que tuvo bastante trascendencia, que aportó algo. Fue muy fuerte porque es cuando el asesino le da la palabra antes de que lo maten. Es toda una metáfora. Amo esta obra, me dio mucho placer hacerla y muchas satisfacciones impensadas. Todo es impensado para mí cuando va bien. Nunca me creo mucho que va a ir bien nada. Y fue una evolución.

—De hecho desde 1983 hasta ahora hubo progresos...

—La obra en realidad no es una apología a la sexualidad de Federico, no es una apología a la homosexualidad. Podría serlo, porque tengo derecho a hacer lo que me de la gana, pero no lo es. Es simplemente hablar del dolor de un hombre, de cómo vuelve a su destino porque le advierten que no lo haga, pero vuelve a Granada. De esto es de lo que trata la obra. Y que marica es todo aquel que (es cuestionado) por pensar distinto. No los diferentes a lo común heterosexual, porque la mayoría es lo que marca la normalidad. Pero en Africa lo normal es tener sida o ahora bola, lo anormal es estar sano, así que es muy relativo esto de la normalidad. Y habla de Calderón que por soñar también es distinto y es marica entonces, y de Beethoven por hacer esa música también lo es. Esto es de lo que habla este monólogo.

—En el texto mencionás a Galileo, a Jesús, con el poder detrás de ellos...

—El personaje del asesino es el poder, en cambio Federico es la poesía enfrentada a la brutalidad del hombre con una dignidad y una magia como se supone que tiene todo ser humano. Porque a ese hombre decapitado horrorosamente no le pueden quitar ese instante de pensamiento final donde piensa en su madre, su padre, en su pareja, en lo que fuere, eso no te lo quita la más brutal de las torturas. Es lo que quisieran. Porque el problema del dictador no es que vos le digas "usted es maravilloso" sino que te lo creas, y como él sabe que no te lo creés en general pues entonces aparece esta duda. Y creo que en este caso es morir con esa dignidad que creo que murió Federico, y supongo que así debe haber sido.

—En el marco de tu apoyo a los derechos de las minorías, ¿qué opinás de la polémica que se generó a partir de los comentarios de Lanata sobre Flor de la V?

—Es irrelevante. Me parece doloroso para con la persona, aunque no soy amigo, no la conozco más que hola. Pero me parece que no es un tema más que para programas de chismes. Está bien que se pelee Fulana con Mengana, que yo no los veo, pero que se sume un señor que hace denuncias y que es un periodista serio, te puede gustar o no gustar, estar de acuerdo o no, pero hablar de esto... Que de verdad se toque este tema como algo trascendente, habiendo tanta inseguridad, muerte, hambre, política, que los chinos, que Boudou, cosas muy serias, a mi me parece que no. Por lo tanto no puedo decir nada. Que fue desafortunada la forma en que lo dijo, indudablemente; que tiene derecho a pensarlo en su casa, pero no me parece que un comunicador con una trayectoria tenga que meterse. Fue un error que la gente tomó porque justamente es un comunicador con un nombre, con un peso, no es un chismógrafo, entonces que diga eso, saltó todo lo que saltó. Pero de verdad, no creo que lo haya dicho con maldad, sí creo que puede haber hecho daño. Eso es distinto.

—¿Qué van a aprender quienes vayan a tu seminario?

—No es necesario que sepan cantar ni bailar, ni que tengan 20 años ni 60. Se va a usar la voz, porque el actor debe usar la voz, porque la voz es musical, y el cuerpo tiene que aprender a usar el movimiento. Yo uso esos elementos porque un actor tiene que tener entrenado todo eso. Yo trabajo con jóvenes que son tan naturalistas, tan estanislavkianos que ya está. Ya fue. Sí es la base, modernizó, cambió, reestructuró el teatro, pero no podemos seguir analizando como si fuese Freud. El mundo cambia. No es lo mismo Chejov hoy que hace 100 años. Hace 100 años la gente tenía tiempo, la burguesía comía, no pensaba en el alquiler, ni en los impuestos, ni si venían los chinos, ni en el peaje o si había para comer. No pensaba nada más que disfrutar. Entonces el teatro tiene que ser movilizante, tenés que generar algo, que te olvides en ese rato de todo lo que cotidianamente nos pasa a todos, que es mucho. El musical lo hace a través de la música, y yo creo que "Marica" lo genera a través de un texto muy potente, por lo cual tuve también premios como el María Guerrero, y fueron cosas impensadas, con un honor y una alegría inconmensurables.

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