Penosa realidad
Cotidianamente vemos que el comportamiento de numerosos ciudadanos argentinos está emparentado con la violencia, agresividad, el odio hacia los semejantes.

Domingo 20 de Enero de 2013

Cotidianamente vemos que el comportamiento de numerosos ciudadanos argentinos está emparentado con la violencia, agresividad, el odio hacia los semejantes. Las escenas de la vida cotidiana dan cuenta de un sector de la sociedad enfermizo, desafiante, decidido a poner fin a las diferencias de criterios mediante el uso de armas de fuego o blancas en algunos casos. Ciertamente el consumo de ciertas sustancias ilegales y legales también ( la ingesta de alcohol es cada vez mayor en los adolescentes) conducen a los sujetos a estados de irracionalidad con consecuencias lamentables. A mi juicio, las causas de estos problemas tienen vinculación con la ruptura de los vínculos familiares, la desescolarización o el desinterés político por contribuir a una mejor calidad educativa y la desenfrenada ambición por el consumo de bienes, a veces superfluos, para el bienestar de un individuo determinado ¿O vamos a negar que el orden de prioridades respecto al consumo, a menudo se ve alterado, y que se torna una competencia entre los semejantes para mostrar quién tiene más, para hacer ver quién es mejor por el solo hecho de exhibir lo material? ¿ no hay disputas entre las personas porque alguien puede comprar determinados productos y el otro se ve imposibilitado por carecer de dinero ? ¿las inequidades en la distribución del ingreso no generan problemas entre los semejantes? Me animo a decir que sí. Me preocupa mucho esta sociedad violenta, irreverente, intolerante, malintencionada, apartada de los valores esenciales para hacer una Nación diferente. Me desvela esto de convivir con los delincuentes y ver la impunidad ante episodios desafortunados que ponen en riesgo la vida humana. Me inquieta que el porvenir de muchos chicos sea robar, matar, violar normas y formar parte del narcotráfico. Me entristece asistir a una realidad que quita ilusiones, esperanzas, posibilidades de desarrollo personal a miles de ciudadanos que ya ni se conmueven cuando se enteran de hechos muy tristes, los consideran comunes. ¿Cómo puede ser que los funcionarios de gobierno miren para otro lado? ¿nada les apena? ¿no les preocupa el altísimo nivel de agresividad, la falta de bienestar de mucha gente, la delincuencia? La verdad, me cuesta aceptar tanta pasividad de quienes han sido elegidos por la voluntad popular.

Marcelo Malvestitti