Pekín tiende la mano, sin soltar el látigo

Viernes 15 de Marzo de 2013

China felicitó ayer al ex cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio por su designación como Papa, pero dijo que establecer relaciones formales bilaterales dependerá de que el Vaticano corte sus vínculos con Taiwán y cese las actividades que Pekín considera interfieren en sus asuntos internos. En tanto, los católicos del gigante asiático celebraron la elección del Papa con misas especiales, lo que puso de relieve su interés por mostrar lealtad a la Santa Sede al tiempo que se mantienen dentro de los estrictos límites fijados por el régimen oficialmente ateo del Partido Comunista.

Aunque los católicos chinos veneran al Papa, desde hace tiempo el gobierno ve con recelo al Vaticano y le niega el derecho a nombrar obispos, un tema de extrema sensibilidad para la Santa Sede. La postura de Pekín respecto al Vaticano es "congruente y clara", dijo Hua Chunying, portavoz de la Cancillería. "Felicitamos al nuevo Papa", dijo Hua. "Esperamos que la Iglesia, bajo su liderazgo, pueda colaborar con China y crear condiciones favorables para mejorar las relaciones". Hua reiteró las añejas demandas de Pekín de que el Vaticano rompa relaciones con Taiwán, la democracia autogobernada que el gobierno chino reclama como su territorio, y se abstenga de interferir en asuntos internos de China. El Vaticano se muestra dispuesto a romper relaciones con Taiwán si Pekín garantiza que los católicos chinos podrán practicar su fe libremente y sin las restricciones que les impone el Partido Comunista. Las partes no tienen relaciones formales desde que China rompió vínculos con la Santa Sede hace más de 50 años. Los acercamientos recientes se desbarataron hace dos años cuando Pekín designó obispos a personas a las que el Vaticano consideró inaceptables para ese puesto. Cerca de 12 millones de chinos profesan el catolicismo, y muchos de ellos lo hacen en congregaciones independientes ajenas al control de la Asociación Patriota Católica de China, perteneciente al partido. Los sacerdotes que rechazan el control del Estado corren el riesgo de ser sancionados con severidad.