Pedir peras al olmo
Resulta obvio que hay sordos que no son sordos, el problema es que no quieren oír. Agrego que en muchas oportunidades he llamado la atención sobre la marcada tendencia que tienen quienes frecuentan esta sección...

Martes 06 de Julio de 2010

Resulta obvio que hay sordos que no son sordos, el problema es que no quieren oír. Agrego que en muchas oportunidades he llamado la atención sobre la marcada tendencia que tienen quienes frecuentan esta sección de Cartas de Lectores a interpretar las mismas falseando su contenido. A veces se debe a una pura y evidente mala intención, otras está claro que saben leer pero no saben interpretar los textos: un grave problema generalizado en la enseñanza actual. Cuando en mi última carta traigo a colación las actividades artísticas que se dieron en los campos de concentración nazis, en ningún momento digo o doy a entender que esas actividades fueran promovidas por Hitler. ¡Lejos de mí! Fueron los sometidos a esa tortura, que significaron las refinadas creaciones de la podrida mente antisemita, quienes sintieron la necesidad de aliviar sus sufrimientos recurriendo a realizar actividades artísticas. Entre dichas actividades se destacó la coral, ya que es la única que permite la participación del hombre común. Lo mismo sucedió, como digo, en los campos de prisioneros de guerra, tanto en Alemania como en las zonas dominadas por Japón en el Pacífico. Que quede claro: dichas actividades culturales fueran promovidas y realizadas por quienes sufrían malos tratos, padecían enfermedades y alimentados con un mínimo de calorías, debían realizar trabajos en calidad de esclavos. Quienes somos sensibles a las necesidades del espíritu, podemos llegar a igualar dichas necesidades con muchas otras aparentemente "prioritarias". Pero claro, es al cuete pedirle peras al olmo.

Cristián Hernández Larguía, LE 3.687.935