Miércoles 27 de Febrero de 2013
El arma social cargada de impotencias, espera a un imbécil que tire del gatillo. La violencia y división de mi patria tiene su génesis en intermitentes etapas con insepultos despojos, sangrías correctivas y por las dudas, familias amputadas, sin olvidar las sucesivas estafas a la moral y voluntad de los argentinos. No ha alcanzado el voto para mejorar la especie. Mitómanos con poder manifiestan brillantez y frondosa imaginación para descubrir el punto débil de grupos ocasionales, aptos de ser apresados emocionalmente, mientras sospechosas convicciones fluyen en las voces de conocidos personajes mediáticos. Tenemos una sociedad que comenzó a mirar solamente lo malo y las desgracias, conserva rencores con rango de eternos y no deja lugar para la reconciliación. Muchos prefieren mirar el sol dentro de una nube, otros caminan extraviados en el tumulto. La cerrada inteligencia de oportunistas y boyeros políticos hicieron de la sociedad argentina, un retrete donde volcar sus vulgaridades. Amorosos hijos de la madre de las violencias, la lengua, agresores irritantes, creen poder controlar las consecuencias de su omnipotencia mientras nos hablan del amor al prójimo. No saben por cuál vena corre el veneno. Por ahora no los inquieta. Ignoran que tienen la sangre de muchos inocentes adherida a sus conciencias. Las desgastadas exigencias de justicia que salen de la muerte de inocentes ha otorgado a la masa crítica el peligroso argumento que justifica transformarla en el juez de todos los males, esto incluye escraches, justicia por mano propia, movilizaciones populares y un preocupante aumento de la desidia. La experiencia dice que cualquier sociedad que se siente amenazada se vuelve frenéticamente conservadora e inestable. Vivimos entre opresores y rencorosos que nos tienen fondeados en abismos de dolor, infectando nuestras vidas con sus conflictos. Hace unos años, mientras me encontraba realizando un corto viaje desde la depresión hasta la esperanza, escuché por radio a un referente de la iglesia evangélica, pastor Alberto Carlini, decir: "El obrar sobrenatural de Dios tiene una estrategia que puede transformar el fracaso en éxito", lo que trae a mi memoria el devastador efecto de los imprevistos, enemigo invisible de los arrogantes y bendición para los desesperanzados. Quizás un imprevisto cargado de sentido común, expresión de la sabiduría divina, se apodere de Argentina definitivamente, hoy tomada por la violencia, la división entre hermanos y los incapaces de turno.
Roberto Luis Taltavull
rltinmortal@yahoo.com.ar