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Pata ancha en el Gigante

Bauza pasó por Arroyito y la gente lo reconoció. "Esta cancha me produce mucha alegría", dijo.

Lunes 08 de Septiembre de 2014

Aplausos para Edgardo Bauza. De esa forma se expresó el Gigante de Arroyito, especialmente la platea de Cordiviola, donde el Patón se apostó en el banco de suplentes. Fue eso y poco más. Es que el ritmo del partido hizo que ese amor, reconocimiento y lo que fuere se diluyera cuando la pelota comenzó a rodar. Lo cierto es que el hoy entrenador de San Lorenzo pasó por el Gigante enfrentando a su querido Rosario Central. Como tantas otras veces. De su parte también hubo retribución hacia los hinchas.

El nombre de Bauza no es uno más en Arroyito. De allí la expectativa por ver de qué manera se iban a expresar los hinchas, esos que lo disfrutaron como jugador y que apoyaron (también lo criticaron) cuando tuvo el buzo de DT.

"Entrar a esta cancha siempre me va a producir una alegría inmensa. Nací y crecí en este estadio, con esta gente y realmente soy un agradecido por todo lo que me dio este club", sintetizó el hombre en cuestión tras el partido.

Cuando el reloj marcaba las 14.55 San Lorenzo ingresó al campo de juego, en medio de una rechifla importante que bajaba desde los cuatro costados. Desde ese momento al Patón le llevó menos de un minuto llegar al banco de suplentes. Antes de llegar al mismo todos aquellos silbidos trocaron por aplausos. Fue por eso que el técnico azulgrana, que viene de coronarse campeón de la Copa Libertadores, aplaudió, levantó la mano derecha y saludó mirando a un lado, para después de otra tanda de palmadas hacer lo propio con su mano izquierda. De allí directamente al banco, en medio del reconocimiento.

Un par de minutos después, cuando el Canalla ya había pisado el césped salió rápidamente y fue en busca de su colega Miguel Angel Russo, quien hoy ocupa un lugar caro a sus sentimientos. Fue el momento más emotivo de la previa, con dos verdaderos íconos canallas fundiéndose en un abrazo en el que hubo un cruce de palabras.

Ya con la pelota en marcha todo fue distinto. La gente focalizó su atención en el juego, mientras el Patón seguía las instancias sentado en una conservadora de hielo. Y hasta se dio el lujo de tirarle una botella de agua a un hincha que, extrañamente, le pidió para calmar la sed.

En el gol de Cavallaro, en el primer tiempo, sólo agachó la cabeza. El festejo fue por dentro.

Cuando el partido llegó a su fin, Bauza se abrazó con Russo (se dijeron algo al oído risas de por medio) y se marchó hacia el vestuario visitante. Sin dudas el que menos le sienta y conoce.

"El agradecimiento es eterno. No sé si en algún momento volveré, pero todo lo que me dio Central no me alcanza mi vida para devolvérselo", remató.

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