Miércoles 29 de Septiembre de 2010
Tras un día de actividad laboral en Rosario, regresaba a mi hogar en un colectivo de media distancia por la Ruta Nacional Nº 33. Todo se desarrollaba normalmente hasta que al llegar al límite entre Rosario y Pérez, precisamente a la altura del puente del ferrocarril, la monotonía del viaje se vio alterada tras estallar uno de los cristales del coche, producto de una piedra arrojada por alguna mente enfermiza. Las esquirlas de los vidrios se esparcieron sobre los pasajeros y hubo gritos de la impotencia. El micro detuvo su marcha en la ruta y comprobamos que no había heridos, pero se comenzó a exteriorizarse el malestar y las conjeturas. El chofer pudo controlar la situación y fundamentalmente mantener la calma. Radicada la denuncia policial y tomando conocimiento de un hecho similar días antes, seguimos preguntándonos qué pasa con la prevención de este tipo de hechos vandálicos y con la seguridad de los pasajeros. ¿No será tiempo de dejar de hacer tanta burda publicidad y que los funcionarios adopten las medidas correspondientes?
Ana María de Luján Ferrari, ana76bis@hotmail.com (Pujato)