Pasado y presente
Allá por el año 1964, cuando me encontraba en Resistencia trabajando en el Hospital Regional, tuve oportunidad de asistir a la inauguración de un pabellón para pacientes con tuberculosis.

Viernes 10 de Febrero de 2012

Allá por el año 1964, cuando me encontraba en Resistencia trabajando en el Hospital Regional, tuve oportunidad de asistir a la inauguración de un pabellón para pacientes con tuberculosis. Todo estaba preparado para dar comienzo a la ceremonia con la presencia del entonces gobernador de la provincia, Deolindo Felipe Bittel, secundado por toda su comitiva. Las radios locales, y mucho, mucho público, aguardábamos expectantes su discurso. Recuerdo que nos asombramos enormemente cuando micrófono en mano dijo algo como que "era una vergüenza y un deshonor haber llegado al punto de que la tuberculosis necesitara un pabellón especial, dado el enorme número de personas afectadas y la velocidad de su propagación. Por lo que ambicionaba que esa sala, debido al accionar efectivo de su gobierno frente a esta enfermedad que consideraba de origen netamente "social", le brindara un día el "honor" de ser cerrada por haber logrado erradicar la enfermedad. Por ahora (recuerdo que agregó con humildad) era sólo un eslabón para socorrer a los ya afectados. Sinceramente conmovió. Hace unos días nuestra presidenta anunció el mísero aumento para los jubilados nacionales. Me quedé esperando que pidiera disculpas, que bajara el tono de voz, y que sólo lo elevara para prometer con firmeza que no pararía hasta encontrar los recursos para equiparar los ingresos de los abuelos que todos sabemos recorren su cuenta regresiva. Y me ganó la tristeza. Su discurso sin humildad, sin esperanzas para esos millones de abuelos argentinos, aplaudido con fervor y sonrisas por mucha gente (que no creo que esté cobrando 1.750 pesos mensuales), es un auténtico canto al deshonor y la vergüenza.

Edith Michelotti ediluobs@hotmail.com