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Partes flacas de un todo flaco en un Central que Russo deberá reacomodar

Individualidades por debajo de su nivel habitual o un andamiaje colectivo como principal falla. A esta altura en Rosario Central tranquilamente puede plantearse la vieja discusión del "huevo o la gallina".

Viernes 29 de Agosto de 2014

A esta altura en Central tranquilamente puede plantearse la vieja discusión del "huevo o la gallina". ¿Es irregular y producto de esa irregularidad juega mal porque los rendimientos individuales están por debajo de su nivel habitual o es la cuestión colectiva la que hace que los futbolistas no alcancen su punto máximo? Sea cual fuere la respuesta, la conclusión se orienta a un denominador común: la baja producción futbolística. Este rendimiento hasta aquí está lejos de ser el esperado, pero tampoco se presenta como una situación alarmante, al menos desde lo estrictamente numérico.

Precisamente, ese 50 por ciento de eficacia (dos triunfos y dos derrotas) que tiene el equipo en cuanto a puntos es lo que aparece más a mano para poner paños fríos a un presente discreto, con altibajos bien marcados en cuanto a los resultados, pero decididamente estable y parejo en lo que tiene que ver con ese caudal futbolístico buscado y, hasta aquí, nunca fortalecido.

Ovación hizo el análisis en base a sus propias consideraciones. Es decir, tomando como referencia la puntuación de los futbolistas. Puede tomarse como un ejercicio segmentado, pero en definitiva sirve para echar un poco de luz en esto de tratar de explicar por qué a Central le está costando tanto afianzarse como equipo. ¿Qué resultó de esa medición? Que sólo dos jugadores (Jonás Aguirre y Franco Niell) alcanzaron o superaron el promedio del 5. El resto, todos por debajo.

No es cuestión de hacer nombres propios porque sí. Pero sirve el ejercicio. Por ejemplo, Ferrari y Donatti están bajos en su nivel; Berra no muestra la solvencia que tiró sobre la cancha desde que hizo su debut en el torneo pasado; Medina, Nery Domínguez y Jonás Aguirre terminaron perdiendo el puesto, Barrientos, Becker y Acuña aparecieron como alternativas pero sus desempeños (salvo lo del ex Lanús ante Gimnasia) aún están en deuda; lo de Abreu, a excepción de ese rato de lucidez y ubicuidad que evidenció en el debut ante Quilmes, fue pobre. El resto, deambula por los mismos carriles.

Tomando como parámetro estas conjeturas, es prácticamente imposible pasar por alto lo que Russo piensa en ese sentido. El técnico expresó en más de una ocasión su convencimiento acerca de que los rendimientos individuales son los que terminarán potenciando el nivel colectivo.

¿Centra alcanzó un funcionamiento convincente? Más no que sí. Lo de Quilmes fue más empuje y arrebato que fútbol, y contra Gimnasia la pasó mal durante gran parte del partido, más allá del triunfo. Eso en lo que tiene que ver con las dos victorias. Lo de River fue olvidable desde todo punto de vista y a lo del miércoles le faltó consistencia, más allá de algunas decisiones arbitrales. Esto en relación a las caídas que lleva el Canalla en el campeonato.

Hasta el hecho de haber mantenido la base, un ítem ponderado por la mayoría antes del inicio del torneo, quedó relegado a un segundo plano. Eso tampoco sirvió, todavía, como plataforma para el despegue.

Si en la tercera fecha Russo debió meter mano en el equipo por decisiones propias (no obligadas) fue por algo. Hubo algo que, hasta ese momento, no lo convencía. Todo tratando de corregir cuestiones que tienen que ver con lo colectivo. Pero es como que la rueda pega un nuevo giro. Porque lo pretendido no llega y mucho menos se consolida. Con un todo que muestra viejas grietas que parecen de difícil resolución, y con las partes cargando a cuestas con la incapacidad de allanar el camino.

Situaciones como estas ya son conocidas en este proceso de Russo, incluyendo el torneo que lo tuvo como técnico en la B Nacional. En todos los casos se rehízo y logró encauzar el rumbo. Hoy la situación no parece crítica, pero sí atendible. Russo es el gran responsable de la forma en la que juega su equipo. Y de él depende que todo crezca. Después, si la rueda va para un lado o para el otro es lo de menos, pero entre las partes y el todo debe surgir el proceso de retroalimentación.

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