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Parques colmados y miles de faltas ante la ausencia de inspectores

Una multitud se volcó a los espacios verdes aprovechando el buen tiempo y el feriado, pero casi no se vieron organismos de control. Sobre la costa, infinidad de autos estacionaron en cualquier lado.  

Martes 19 de Agosto de 2014

Al menos por lo que se vio ayer, nadie podrá acusar a la Municipalidad de afán recaudatorio. Seguramente alentados por el feriado y la magnífica jornada de sol, a partir del mediodía miles y miles de rosarinos coparon los parques y la franja costera de la ciudad. A juzgar por el movimiento, una multitud lo hizo en auto y sin el menor ánimo de caminar, por lo que buena parte de los espacios verdes se transformaron en gigantescos parkings frente a una ausencia ostensible de inspectores. Esa no fue la única infracción recurrente: en algunos sectores de la costa, como en un buen tramo del parque Sunchales, a los vehículos estacionados al borde de la barranca se sumó gente que directamente hizo el picnic al otro lado de la baranda, pese a los carteles que advierten "peligro", y otra que se dedicó a pescar en áreas donde está expresamente prohibido.

De haber estado por ahí, los que también se hubieran hecho un picnic, pero de multas, habrían sido las áreas de control. Básicamente por infracciones de tránsito y mal estacionamiento. ¿Ejemplos? Al por mayor.

Sólo para ilustrar, autos aparcados sobre ambas manos en calles no autorizadas (por caso, Italia o Zeballos, ambas cerca del río) y subidos a las veredas, motos encima de absolutamente cualquier pedazo de césped y, sobre todo, una infinidad de vehículos ocupando espacios verdes: en el parque Urquiza, en todo el sector cercano a La Fluvial de la plaza Comunidad Foral de Navarra, sobre la acera de la calle Doctor Mario Armas en pleno parque de España, sobre buena parte del parque Norte, sobre la vereda parquizada izquierda de la avenida de la Costa y sobre la propia barranca del parque Sunchales.

Para no hablar del Scalabrini Ortiz, cuyo cantero central se vio durante largas horas íntegramente ocupado por autos y camionetas a lo largo de las varias cuadras que van de avenida Alberdi hasta Francia.

Dos caras de una moneda. La apropiación ciudadana de los espacios públicos es un punto que figura en el haber de Rosario y del gobierno local, que alienta ese uso. El problema se genera en que, frente a la llegada de miles de personas a esos paseos, habría que minimizar riesgos. Y para eso existen las áreas de control, que ayer, sin embargo, casi no se vieron.

En una extensa recorrida que realizó La Capital por parques y áreas ribereñas sólo observó dos móviles de Gendarmería Nacional. En varios kilómetros no se encontró con ningún móvil de la Guardia Urbana Municipal (GUM) ni de Tránsito, pese a que por momentos la circulación de vehículos se volvía caótica.

Tampoco se vieron inspectores de a pie alertando a familias enteras que, para disfrutar de una visual más franca del río, no encontraron mejor lugar para instalarse que atrás de las barandas que separan el sector de paseo del de barrancas, tanto en el parque de las Colectividades como en el Sunchales. En vano rezaban "peligro barranca" los carteles a su lado.

Y varias de las zonas vedadas a la pesca, sobre todo por razones de seguridad, también se vieron colmadas de pescadores.

Por fuera de esas transgresiones y esos riesgos, la jornada se vivió a pleno de un lado y el otro del río. Gente en reposeras, cubriendo íntegramente las escalinatas del parque España, jugando a la pelota, remontando barriletes, andando en rollers, bicicleteando, caminando y corriendo, miró pasar a su vez todo tipo de embarcaciones por el río y disfrutó de las proezas de gran cantidad de deportistas náuticos.

Nadie se quedó adentro. En los otros parques de la ciudad (el Independencia, el Yrigoyen, el Alem, el Regional Sur, por mencionar algunos), los chicos en triciclos y bicicletas, familias, grupos de amigos y parejas no dejaron espacio verde vacío.

Como el calor apretó (ver aparte), las playas de la ciudad —tanto la Rambla Catalunya como La Florida— también se llenaron de una avanzada de adoradores del sol que no dudaron en desempolvar mallas y bikinis, mientras kayacs y veleros completaban una ilusoria postal de verano... en pleno agosto.

Temperaturas de casi verano

Los pronósticos no se equivocaron y también ayer se vivió un día más típico del final de primavera que del final del invierno. A las 15, la temperatura llegó a 26,3 grados y el sol por momentos hizo sentir más. Esta semana seguirá el calor, con máximas de hasta 31 grados.

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