Parábola del hijo pródigo
Jesucristo, que fue el maestro por excelencia, para que todos lo pudieran entender utilizaba ilustraciones sencillas con aplicaciones para la vida. Esas ilustraciones se denominan “parábolas”.

Miércoles 19 de Junio de 2013

Jesucristo, que fue el maestro por excelencia, para que todos lo pudieran entender utilizaba ilustraciones sencillas con aplicaciones para la vida. Esas ilustraciones se denominan “parábolas”. Una de ellas es la conocida como la parábola del hijo pródigo. Cuenta de un padre que tenía dos hijos y el menor de ellos, cansado de vivir con su padre, en un determinado momento quiso vivir la vida a su manera y pidiendo la parte de la herencia por anticipado se marchó a una provincia muy lejana. Allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado y vino hambre en aquella provincia y ya no tenía ni dinero ni comida llegó al límite de desear comer la comida de los cerdos que cuidaba pero ni eso le daban. En ese momento volvió en sí, recapacitó, y arrepentido se dio cuenta de su error y comenzó el camino de regreso a su hogar. El anciano padre, que permanentemente lo estaba esperando, cuando lo vio de lejos, corrió a su encuentro, lo perdonó, lo bañó, le puso un vestido nuevo, zapatos nuevos y hasta un anillo en su mano, e hizo una gran fiesta por el regreso a casa. La enseñanza de esta ilustración nos recuerda que todos los seres humanos nos hemos alejado de nuestro creador, vivimos a nuestra manera sin tener en cuenta a Dios en nuestras vidas. Dios, al igual que el padre de la ilustración está esperando nuestro regreso para suplir todas nuestras necesidades espirituales, para darnos un propósito y un sentido a nuestra existencia, y finalmente para darnos un lugar para siempre en el cielo. Para esto envió al Señor Jesucristo al mundo para que muriera en la cruz del calvario por nuestros pecados constituyendo en el único puente para acercarnos a Dios. Leemos en la Biblia palabras del apóstol San Pablo, palabra fiel y digna de ser recibida por todos, que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.

Jorge R. Alonso / joralonsocont@hotmail.com