La ciudad

Para renovar el centro, el municipio quiere que vayan a vivir los jóvenes

El Ejecutivo admite que la zona está en malas condiciones y quiere relanzarla incentivando la construcción para uso residencial

Viernes 15 de Enero de 2021

El centro, un barrio para que vivan los jóvenes. Esa es la idea madre que tiene Pablo Javkin en la cabeza para revalorizar la zona, muy degradada en los últimos años, con cuadras enteras en situación de abandono, veredas rotas, locales vacíos, inmuebles abandonados y dos caras opuestas según el horario del día. El casco histórico de la ciudad cambia de Dr. Jekyll a Mr. Hyde cuando cae la noche, los locales cierran, las oficinas se vacían, nadie circula y los colectivos pasan a cuentagotas. La inseguridad es latente, aparecen personajes oscuros y las calles son tierra de nadie. Con los años, el centro de Rosario se parece cada vez más a Ciudad Gótica, pero sin Batman.

Para remediar esta situación, la apuesta del intendente es volver a llenar de habitantes el barrio que hoy oficia durante el día de núcleo comercial y administrativo de Rosario, en especial las adyacencias de las peatonales Córdoba y San Martín, muy alicaídas y ya casi sin ningún tipo de actividad nocturna una vez que se desplomó la hamburguesería Gigante y el cine Monumental cerró su persiana por la pandemia. El razonamiento urbanístico es que si viven personas jóvenes, van a comenzar a demandar servicios, sobre todo entretenimiento y gastronomía. Eso, además del movimiento de ingresos, generaría circulación nocturna, una de las más elementales formas de volver seguro un lugar.

Las alternativas que se barajan para volver a poner al centro en un lugar de brillo perdido hace mucho tiempo tienen que ver también con reforzar la movilidad, pero sobre todo con recuperar la vivienda. Que las personas vuelvan a vivir en el centro, en especial los jóvenes, impacta luego en la oferta de entretenimiento, la circulación y las inversiones sobre la infraestructura. Es que según algunas miradas urbanísticas, hoy los centros de las ciudades, a diferencia de otro momento, ganan cuando tienen habitabilidad, cuando se los puede caminar y atravesar en bicicleta, y cuando se puede aprovechar el espacio público.

En ese sentido, el municipio prepara la presentación en el Concejo de una iniciativa que posibilita habilitar construcciones que permitan cambiar la fisonomía de las dos peatonales, Córdoba y San Martín, y las calles Maipú (entre Urquiza y Pellegrini) y San Juan (de Entre Ríos a Maipú), que son las que hoy reflejan el mayor nivel de degradación, en busca de evitar que se profundice. La idea es modificar el código urbano y elevar la altura máxima de 23 metros hasta los 30 metros en la zona. Desde el Ejecutivo entienden que promover la vivienda, mediante los cambios en los regímenes de altura, la flexibilización de algunas protecciones patrimoniales y la promoción de estrategias como el uso de terrazas, son parte de las soluciones que otras ciudades han aplicado para remediar el deterioro de los cascos históricos.

De este modo, incentivar la vivienda tiene que ver con que en el centro no haya solo desarrollo de locales comerciales, sino personas que lo habiten. Por s, está en los planes abaratar el costo de vivir allí, permitiendo el acceso de jóvenes, e incluso hay expectativa de combinar alguna de estas iniciativas con el futuro plan Procrear 2 que lanzará el gobierno nacional. La clave es que las parcelas vayan destinadas a viviendas, no a otro tipo de usos, porque tampoco sirve agregar oficinas, ya que agravan la situación de que después de determinado horario el centro no funcione.

Inversiones

Uno de los objetivos del plan es recuperar la idea de que vivir en el centro incorpora facilidades. Por ejemplo, en la olvidada y mustia cuadra que da inicio a la peatonal Córdoba, entre Laprida y Maipú, hay una serie de lotes que por su estado de abandono pueden reconvertirse en lugares para la creación de nuevas viviendas, buscando generar un efecto positivo en la zona.

En este marco, el municipio entiende que la movida permitirá apalancar inversiones que hay que hacer en infraestructura, en el marco de un difícil panorama financiero que obliga a la creatividad. Está claro que hoy las prioridades están puestas en lo social, y sobre todo en lo sanitario.

El texto se está discutiendo por estos días en la comisión asesora de Planeamiento entre todos sus integrantes. Una vez finalizada, algo que se estima sucederá antes de que termine enero, van a elevar una propuesta formal que luego se discutirá en el Palacio Vasallo.

La necesidad de un centro histórico polifuncional de usos mixtos

Opinión, por Fabiana Escobar y Julieta Potalivo / Arquitectas. Integrantes de la comisión de Urbanismo del Colegio de Arquitectos de Rosario

La reconversión de centros históricos significa, en palabras de Fernando Carrión (arquitecto ecuatoriano) “regresar a la ciudad construida”. Esto tiene ventajas indiscutibles tanto en términos económicos (porque la ciudad ya cuenta con la infraestructura de servicios y movilidad) como en términos culturales (porque el centro es simbólicamente el espacio público por excelencia y le da sentido a la identidad colectiva de la ciudad), y, por lo tanto, resignificar y poner en valor nuestro centro histórico, es indiscutiblemente una solución inteligente y sustentable.

Las nuevas centralidades compiten con las históricas, pero es importante no permitir que se conviertan simplemente en un reducto de la memoria y que pueda asumir tanto su condición de eje del porvenir urbano como su protagonismo en el fortalecimiento de la cultura local, incluso como proyección regional, local y global. Las reconversiones de centros históricos deberían estar orientadas a minimizar la fluctuación de su uso y ocupación en distintas franjas horarias, y para ello debe aspirarse a la mixtura de uso, a la polifuncionalidad. Esto garantiza su ocupación en horarios más extendidos y para ello fomentar el uso residencial resulta de fundamental importancia.

Si bien el fomento de la radicación de jóvenes en las centralidades es una política deseable, también lo es la creación de condiciones físicas que favorezcan la inclusión de adultos mayores. Crear condiciones de desplazamiento seguro y placentero, generando espacios de encuentro (bancos a la sombra o al sol según la estación por ejemplo), minimizando los desniveles e incorporando pasamanos en lugares críticos, deberían ser estrategias de intervención frecuentes ya que benefician al conjunto de la población, pero si son aplicadas en áreas centrales pueden resultar atrayentes para la tercera edad ya que potencian los beneficios de provisión de servicios existentes, como las entidades bancarias y prestadores de salud, acceso a la recreación y a la oferta cultural, amplia oferta comercial, o cercanía con espacios verdes públicos.

Tal como dijera la urbanista Jane Jacobs, “ha de haber siempre ojos que miren a la calle”, que operen como vigilancia natural, y “el requisito básico para esta vigilancia es que haya una buena cantidad de comercios y otros establecimientos públicos, entre ellos ha de contarse especialmente los utilizados por la tarde y por la noche”.

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