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"Para que los hijos logren su identidad, hay que aceptar sus opiniones"

Lo asegura Diana Kirszman, reconocida terapeuta familiar que el próximo 8 de agosto brindará una conferencia para todo público bajo la pregunta: ¿Cómo se construye la felicidad?"   

Domingo 27 de Julio de 2014

"La mejor manera de favorecer a nuestros hijos para que logren su propia identidad es aceptar las diferencias y reconocerles opiniones que puedan ser diferentes a las de uno. Esto es: ayudarlos a que puedan construir progresivamente sus estructuras autónomas, que se verán más desplegadas en la adolescencia". Quien dialoga con LaCapital es Diana Kirszman, terapeuta familiar que el próximo 8 de agosto vendrá a Rosario a hablar de algo inquietante: ¿Cómo podemos hacer para armar familias que ayuden a crecer a sus hijos con seguridad y con herramientas para enfrentar la vida?.

Kirszman es doctora en Psicología, coordina el Programa de Entrenamiento en Psicoterapia Familiar de la Fundación Aiglé (en combinación con el Ackerman Institute for the families de Nueva York), es profesora titular de la cátedra de familia y pareja de la Universidad de Belgrano y autora de artículos científicos nacionales e internacionales.

El viernes 8 de agosto brindará una conferencia para todo público en el hotel de Catamarca y Mitre bajo la pregunta: "¿Cómo se construye la felicidad?", junto a Héctor Fernández Alvarez, doctor en Psicología de una amplísima trayectoria internacional.

—¿Cómo se arman familias que ayuden a crecer a sus hijos con seguridad?

—Desde hace muchos años, expertos terapeutas familiares se preocuparon por estudiar este tema. Si bien siempre influyen diferentes variables, el factor común que todos han encontrado pasa por transmitirles interés por sus necesidades, amor y protección.

—¿Cuáles son los desafíos de las familias de hoy?

—A mi modo de ver son muy variados. Uno es cómo afrontar la gran diversidad de diferentes modos de organización familiar como las ensambladas, monoparentales, homosexuales y otras producto de la fertilidad asistida . El gran desafío es lograr la flexibilidad necesaria para no tener una actitud segraria, o considerarlos "anormales". Estas "nuevas configuraciones familiares" componen el 50 por ciento de las familias, según estudios que reportan esta realidad.

—¿Qué necesita un individuo en formación, de parte de sus padres, para crecer con identidad, valores y autoestima?

—Otro aspecto que considero fundamental es ayudar a discriminar situaciones o eventos importantes, significativos de aquellos que no lo son. Si desde pequeños pueden distinguir que el reto por poner los dedos en un enchufe es diferente a que sí vuelcan un vaso de agua en la alfombra, será la base para que incorporen las diferencias entre lo que esta bien y lo que esta mal, lo que hace daño y lo que no. La mejor manera de favorecer a nuestros hijos para que logren su propia identidad es aceptar las diferencias, reconocerles opiniones que puedan ser diferentes a las de uno. O sea, ayudarlos a que puedan construir progresivamente sus estructuras autónomas, que se verán más desplegadas en la adolescencia.

—¿Se puede suplir la cantidad de tiempo con los hijos por la calidad en el tiempo?

—Ningún extremo en ningún orden es adecuado. Si bien lo importante es la calidad y no la cantidad, si las dosis son súper mínimas, es imposible lograr un vínculo fuerte.

—Muchos padres se "desayunan" de sus ausencias y buscan "recuperar el tiempo perdido". ¿Es posible? ¿Siempre se está a tiempo?.

—Aquí cabría aquello de "mejor tarde que nunca". Y de hecho tuve la oportunidad de ayudar a muchas familias con hijos adolescentes, quienes presentaban serias dificultades, incluso severas. Ha sido posible (con arduo trabajo) revertir vínculos deshilachados, desmembrados, con alta hostilidad.

—¿De qué manera abordar a los hijos? ¿Cómo establecer un vínculo de confianza?

—En la medida en que los hijos reciban coherencia, resultados que se deriven del trabajo y del esfuerzo, que compartan los éxitos y también los fracasos, van aumentar las posibilidades de ir construyendo vínculos de confianza.

—¿Se deja de ser padres cuando se intenta ser amigo de los hijos?

—Una respuesta "políticamente correcta" sería decir que ser amigo de los hijos es bueno. Sin embargo, no lo comparto totalmente. Ciertos aspectos de la amistad pueden compartirse y no son excluyentes con el rol de padres. Por el contrario, afianzan el vínculo. Pero hay otros que son incompatibles.

—¿Percibe una generación de padres y madres (30 a 50 años) que desertaron al rol de ser padres (obligaciones, horarios, presencia...)?

—No creo que hayan desertado del rol de ser padres. Pienso que hay significativas diferencias en cómo lo ejercen. Es una generación bisagra entre un par de generaciones que transcurrieron con mayor rigidez, límites estrictos... Estamos transitando por una generación que tal vez aplique modelos contrapuestos a los anteriores. Los efectos de alta permisividad o quienes ejercen alta estrictez no favorecen a que los hijos funcionen saludablemente y tengan una vida satisfactoria. Es el mejor antídoto para no caer en situaciones difíciles, de riesgo.

—¿Cómo incide la cultura en la actualidad en la familia?. Es decir, ¿cómo se meten por la ventana valores y elementos de la televisión, medios y redes sociales?

—La cultura somos todos nosotros mismos, imposible que no incida. Se trata de estar atentos para que aquellos elementos que indefectiblemente estarán presentes, puedan neutralizarse; sí así fuese necesario.

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