Sábado 05 de Septiembre de 2009
Lacho Piana es un joven estudiante de medicina que habiendo cursado la carrera se encontraba próximo a rendir las últimas materias, con el esfuerzo y tenacidad que, generalmente, es propio en quienes deben trabajar para poder sostener sus estudios universitarios. En su Chajarí natal tuvo síntomas de lo que luego resultó ser un tumor cerebral. Con la esperanza de superar el trance y recobrar su salud, la inocencia propia de la edad y el lógico temor a la nueva realidad que le planteaba la vida, se internó en el Hospital Provincial del Centenario de nuestra ciudad, algunos meses atrás. Fue intervenido en una difícil operación, siendo extirpado el tumor, pero cuando aguardaba ser dado de alta, una severa complicación lo llevó al borde de la muerte. Con la confianza de aquel que necesita creer, la fuerza de su juventud, pero de manera especial, por la acción eficiente de todo el cuerpo médico del Hospital Provincial del Centenario, Lacho mejoró y al día de hoy se encuentra en pleno restablecimiento. Podemos afirmar que vive gracias a la labor de los neurocirujanos Jorge Tazzia y Jorge Román, a la eficiente respuesta de los médicos del servicio de terapia y a la calidad del cuerpo médico clínico que atendió tan difícil circunstancia. Para los doctores Tazzia y Román, así como a los integrantes de terapia y a los profesionales del cuerpo clínico que intervinieron en la emergencia postoperatoria, nuestro profundo agradecimiento. De igual manera, a la directora del Hospital, doctora Aurora Bruno y a la vicedirectora doctora Liliana Gastaldi, quienes destinaron costosos recursos necesarios para salvarle la vida. No podemos dejar de mencionar también la actitud de otro amigo común, el doctor Hugo Tanno, quien de manera permanente veló con su característica generosidad para que todo pudiera resultar de la manera comentada. Cuando es general el excepticismo sobre los valores de nuestra sociedad y, en especial, de su clase dirigente, creemos de toda justicia relatar las circunstancias vividas, porque alientan a la esperanza, ya que existen actitudes y conductas que permiten ser optimistas hacia el porvenir. Dios permita que ello ocurra.
Jorge Fernando Felcaro y Julio César Picatto
jfelcaro@felcaroroldanyasoc.com.ar