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"Para llegar al poder el FAU necesita el voto moderado", dijo el politólogo Quiroga

El politólogo rosarino Hugo Quiroga sostiene que el Frente Amplio Unen (FAU) puede tener posibilidades de llegar al poder en 2015 si logra presentarse como una coalición.

Domingo 11 de Mayo de 2014

El politólogo rosarino Hugo Quiroga sostiene que el Frente Amplio Unen (FAU) puede tener posibilidades de llegar al poder en 2015 si logra presentarse como una coalición capaz de gobernar el país con un programa de gobierno innovador y si tracciona a su favor a un sector de la sociedad identificada ideológicamente con el centro, que en el pasado inmediato viene definiendo la elección a presidente.

Quiroga, profesor de Teoría Política de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), considera que otro de los desafíos del FAU es lograr perdurar en el tiempo y no romperse si hay un fracaso electoral, ya que la experiencia indica, como ocurrió en Uruguay y Brasil, que una coalición debe plantearse, además de un programa de gobierno, una política de acumulación a largo plazo.

—¿Qué aporte le puede dar al escenario político argentino la aparición del Frente Amplio Unen?

—Le pone un cierto grado de institucionalización a un sistema político con poca consistencia como es el nuestro. Un sistema con partidos débiles, disgregados. Ahora aparece una nueva fuerza que reúne a familias políticas muy diversas y que de alguna manera ayuda a este sistema político inconsistente a institucionalizarse. El primer efecto de esto es que el propio peronismo ha comenzado un proceso de cierta institucionalización. La aparición del FAU es importante, pero tiene por delante desafíos muy grandes porque asocia grupos políticos con historias y tradiciones diferentes.

—¿Observa alguna analogía con lo que fue la Alianza o no tiene nada que ver con aquella fallida experiencia?

—No le veo una similitud. La Alianza aparece en una coyuntura donde el neoliberalismo tenía su primacía y se expresaba a través de Menem. Además, había un interés de la sociedad por construir una nueva alternativa política a ese esquema político y a una de sus consecuencias fundamentales, que era la corrupción. Su lema era "ética en política", y eso ayudó a la construcción de una coalición entre un sector que venía del peronismo, como el Frepaso, y la UCR. La asociación que se hace entre el FAU y la Alianza creo que es interesada porque aquella experiencia fracasó. Pero además, la amplia mayoría de los dirigentes del Frepaso son o fueron funcionarios del gobierno kirchnerista. Esto es otra cosa, reúne un sector muy pequeño del PJ, que está representado por Pino Solanas, pero al que no se lo puede identificar con cierta tradición peronista clásica.

—¿Cree que va a haber una disputa por la identificación progresista entre el FAU y el kirchnerismo?

—El kirchnerismo, en sus primeros seis años, podía presentarse como una corriente progresista en base a temas importantes, como el de derechos humanos y el discurso reivindicativo de la política y el Estado. Ahora hay que ver la distancia entre el relato político y los resultados. En este caso, el kirchnerismo no ha sido de centroizquierda, porque desde el punto de vista social hoy hay niveles altísimos de pobreza e indigencia. Y encima flaquea ahora con las banderas de los derechos humanos, ya que ha promovido como jefe del Ejército a un militar (por César Milani) acusado de delitos de lesa humanidad en la dictadura. El FAU puede llamarse progresista, pero tendrá que demostrar, en caso de llegar al poder, que puede implementar políticas públicas innovadoras. El desafío es pasar de ser un frente electoral a una opción real de poder.

—¿Por qué razón las alianzas y frentes perduran muy poco y terminan desarmándose con una derrota electoral?

—En la Argentina no hay una tradición frentista o de coalición. Esto implica que haya asociaciones entre grupos políticos diversos, un programa común y una distribución del poder en el interior de ese frente según el peso que tenga cada partido. Además, debe tener pautas y criterios de resolución de los conflictos en el interior de esa fuerza. También un frente tiene que poder definir aquellas zonas que son comunes con aquellas en que dejan en libertad a cada uno de sus integrantes. Hace falta un cambio en la cultura política de los dirigentes para que no sean experiencias efímeras. Hay que tener política de acumulación a largo plazo, que es lo que hicieron el Frente Amplio de Uruguay y el PT de Brasil.

—¿Cómo hace el FAU para romper la hegemonía política del PJ?

—Para llegar al poder el FAU necesita votos del centro, del sector social más moderado. Esto es muy importante, porque este segmento fluctúa hacia un lado o hacia el otro. Generalmente este sector se inclina desde hace 30 años hacia al peronismo. ¿Por qué? Porque existe en la Argentina lo que yo denomino la cultura electoral peronista. Se vota al peronismo porque ha demostrado que tiene cierta capacidad de gobernar.

—¿Esto se podría resumir con la frase "este país sólo puede ser gobernado por el peronismo"?

—Sí, pero yo no estoy de acuerdo con esa frase, porque puede gobernar bien una fuerza que sea alternativa al peronismo. Pero para eso tiene que constituirse con un programa de gobierno, con políticas públicas de largo plazo, y con un apoyo de importantes sectores de clase media. Sin ese voto de centro, que yo creo que llega a un 20 por ciento, no se puede ganar una elección en Argentina. El desafío del FAU es demostrar que tiene capacidad de gobierno y atraer a ese sector de la sociedad. Yo recuerdo que la Alianza se transformó en alternativa de poder cuando se comprometió a no tocar la convertibilidad. Cuando dijo eso, se convirtió en una alternativa real.

—¿Cómo cree que resolverá el PJ la sucesión del poder?

—No hablaría de PJ sino de universo peronista, porque como partido ha implosionado. En ese contexto, hay tres grandes sectores: el Frente para la Victoria, Daniel Scioli y Sergio Massa. Hay dos liderazgos fuertes construidos en el distrito electoral más importante, que es la provincia de Buenos Aires, que reúne el 40 por ciento de los votos. Ahí el FAU tiene una debilidad de inserción en ese territorio. También está Macri, con un espacio que todavía no es una fuerza nacional y que necesariamente tiene que recostarse o con sectores peronistas o con sectores radicales que puedan ser propicios a un acuerdo con el PRO. Pero me parece que lo que quiere el kirchnerismo, que es tenerlo como candidato a Macri para mostrar el contraste entre la izquierda y la derecha, no se va a dar.

—¿Piensa entonces en la teoría de que Cristina prefiere tener a Macri en segunda vuelta?

—Pero el problema de Cristina no es Macri, son Scioli y Massa. Con Scioli puede llegar a hacer un arreglo, pero con Massa es difícil. Y el que va primero hoy en las encuestas es Massa.

—¿Por qué razón al kirchnerismo le cuesta encontrar candidato propio siendo que desde hace diez años goza de todo el poder?

—Tras la muerte de Néstor Kirchner, el oficialismo se quedó sin reglas de sucesión de poder. Cuando hay liderazgos personalistas, muy concentrados, muy verticalistas, esa estructura política tiene dificultad para dejar a un sucesor. ¿Quién fue el sucesor de Perón? El pueblo, o sea una abstracción, es decir nadie y todos a la vez. La disputa hoy en el kirchnerismo está dada en si termina apoyando a Scioli o lanza a un candidato propio. En esa tensión están Cristina y todo lo que se llama el cristinismo.

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