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Para la Iglesia, las acusaciones son injustas y se desprecian los cambios

Autoridades de la Santa Sede rechazaron el documento acusatorio de la ONU apenas lo conocieron.

Jueves 06 de Febrero de 2014

Autoridades de la Santa Sede rechazaron el documento acusatorio de la ONU apenas lo conocieron.

Para el Vaticano se trata de acusaciones injustas que no tienen en cuenta los esfuerzos hechos por la entidad desde que estallaron los escándalos, en la década de 1990 en Irlanda.

La dura reacción del observador permanente del Vaticano ante la ONU en Ginebra, monseñor Silvano Tomasi, que denunció "distorsiones" en el informe, también fue inmediata.

El prelado llegó a acusar a "lobbies" y grupos de presión con intereses "ideológicos" dentro del organismo internacional.

En una entrevista a Radio Vaticano, Tomasi acusó a organizaciones no gubernamentales, "con intereses en el campo de la homosexualidad, el matrimonio gay y otros asuntos", de haber presionado a favor de la devastadora condena de la ONU. "El informe (de la ONU) no ha sido actualizado, le falta una perspectiva correcta", aseguró.

Aunque los datos sobre el alcance del fenómeno dentro de la Iglesia no son públicos, la jerarquía de la Santa Sede, respetando el deseo de limpieza, ha retirado a varios sacerdotes condenados, así como a obispos acusados de encubrimiento, entre ellos varios de Irlanda, uno de los países más afectados.

Según la Congregación para la Doctrina de la Fe, en el año 2011 y 2012, bajo Benedicto XVI, unos 400 sacerdotes perdieron su condición de curas —la pena más grave del derecho canónico— por abuso de menores.

En los últimos tres años, unos 1.800 casos han sido denunciados, la mayoría por abusos cometidos entre 1965 a 1985.

Desde 2001, bajo el pontificado de Juan Pablo II, los casos son tratados de forma interna por la Congregación para la Doctrina de la Fe, equivalente de un ministerio de Justicia ordinario. En 2010, el Vaticano estableció reglas que instruían a los obispos a denunciar los casos de abuso a la policía local.

El Papa emérito Benedicto XVI (2005-2013), en varias ocasiones pidió perdón por los abusos y recibió y bendijo tanto a las víctimas como a sus familiares, al tiempo que castigó a un emblema de ese fenómeno, el prelado mexicano Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, apartándolo para siempre de la Iglesia en 2006.

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