Sábado 28 de Noviembre de 2015
El Papa Francisco declaró a Africa el "continente de la esperanza" al arribar ayer a Uganda, el segundo tramo de su peregrinación africana, para rendir homenaje a los cristianos más célebres del país.
Francisco fue recibido en el aeropuerto internacional de Entebbe por el presidente Yoweri Museveni (quien lleva 29 años en el poder), a quien flanqueaban una banda militar y percusionistas y bailarines tradicionales.
El Papa, quien arribó desde Kenia y luego visitará la República Centroafricana, honrará la memoria de un grupo de cristianos ugandeses muertos a fines del siglo XIX por un rey local que temía la influencia creciente del cristianismo.
En Namugongo en Kampala, el rey Mwanga torturó hace 130 años a 22 católicos y 10 anglicanos por negarse a renunciar al cristianismo. Muchos de ellos fueron quemados vivos entre 1885 y 1887. El Papa Paulo VI canonizó a los 22 católicos en 1964.
"Nos recuerdan que la fe, la rectitud moral y la consagración al bien común han cumplido y siguen cumpliendo un papel tan importante en la vida cultural, económica y política de este país"', dijo Francisco a los dignatarios reunidos en una ceremonia de recibimiento en la casa de gobierno.
Museveni no pronunció un discurso de bienvenida.
Posteriormente, el Papa llegó a un santuario consagrado a los mártires en Munyonyo, donde habían sido condenados a muerte los religiosos. Allí pidió solidaridad con los refugiados.
"Nuestro mundo, atrapado por las guerras, la violencia, y diversas formas de injusticia, está presenciando un movimiento de pueblos sin precedentes", señaló, después de elogiar al país anfitrión, que recibió a cientos de miles de refugiados del Congo o Sudán del Sur.
"La forma en que lidiamos con ellos es una prueba de nuestra humanidad, nuestro respeto por la dignidad humana y sobre todo de nuestra solidaridad con nuestros hermanos y hermanas necesitados", manifestó en un discurso en la legislatura de la ciudad frente al presidente Yoweri Museveni y otros funcionarios.
Despedida de Kenia. Francisco tuvo una ajetreada jornada final en Kenia, donde visitó un barrio pobre de la capital, Nairobi, e improvisó un discurso ante miles de jóvenes acerca de los males de la corrupción y la radicalización que lleva a muchos jóvenes a unirse a grupos extremistas.
Kangemi es uno de 11 barrios pobres en Nairobi, la ciudad más grande de Africa oriental. En el vecindario viven unos 50.000 habitantes sin servicios básicos de higiene.
Francisco criticó allí la "terrible injusticia" que obliga a millones de personas a vivir en barrios marginales y consideró que es consecuencia de "nuevas formas de colonialismo". Así, condenó la "injusta distribución de la tierra, los alquileres injustos por casas en mal estado" y la falta de infraestructura básica, como el abastecimiento de agua. Ese tipo de situaciones son "una consecuencia de nuevas formas de colonialismo" y de una "cultura del despilfarro", advirtió.
Además alabó los valores de la "resistencia" y la "solidaridad" en los barrios pobres, que la "sociedad opulenta, anestesiada por un consumo desenfrenado parece haber olvidado".
En un emotivo discurso, una de las vecinas del barrio pidió al papa que intercediese por los habitantes de Kangemi ante el gobierno. "Las personas que viven en asentamientos informales en Kenia no tienen acceso al agua, a menudo está racionada, es de mala calidad o no se puede beber", lamentó Pamella Akwede.
Los pobres "tienen un lugar especial en mi vida y en mis decisiones", aseguró el líder de la Iglesia católica. "Estoy aquí porque quería que supiesen que sus alegrías y esperanzas, sus miedos y aflicciones no me son indiferentes".
Una de las monjas que trabaja en Kangemi informó al Papa sobre los problemas del lugar y también criticó a la Iglesia. "Debemos estar más presentes en estos barrios", reclamó, recordando que sólo un cuatro por ciento del personal religioso trabaja en los "slums" de Nairobi, donde vive la mayor parte de la población de la ciudad.
Francisco habló después a los jóvenes en el estadio de Kasarani, donde su discurso, ofrecido en español, se centró en la corrupción y el extremismo. La falta de educación y el desempleo hace que muchos jóvenes sean seducidos y reclutados por los radicales, advirtió.
La radicalización "es un peligro social que está más allá de nosotros incluso más allá del país, porque depende de un sistema internacional que es injusto, que tiene al centro de la economía no a la persona sino al dios dinero", dijo el pontífice.
Respecto a la corrupción, Francisco alertó de que la hay "en todas las instituciones, incluso en el Vaticano hay casos de corrupción".
"La corrupción es algo que se nos mete adentro. Es como el azúcar, es dulce, nos gusta, es fácil. Pero cada vez que aceptamos una coima y la metemos en el bolsillo, destruimos nuestro corazón, destruimos nuestra personalidad y destruimos nuestra patria. Por favor no le tomen el gusto a esa azúcar que se llama corrupción", pidió el obispo de Roma.