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Para el Frente para la Victoria las elecciones primarias serán inevitables en 2015

En el kirchnerismo, la buena noticia del fallo de la Corte Suprema de Justicia por la ley de servicios de comunicación audiovisual se vive como un triunfo cultural más que político.

Lunes 04 de Noviembre de 2013

En el kirchnerismo, la buena noticia del fallo de la Corte Suprema de Justicia por la ley de servicios de comunicación audiovisual se vive como un triunfo cultural más que político. Como el final de un recorrido donde el conjunto de la sociedad logró plantar una piedra preciosa que irradiará democracia por los años. Y que su efecto será gradual, y en el tiempo. Las especulaciones sobre cómo y por qué la Corte falló como falló ya forman parte del pasado político. Lo cierto es que la pelota entró en el arco, el kirchnerismo gritó gol y aunque siempre hay nuevos desafíos, éste campeonato se terminó, y tiene un ganador.

   Todo sucedió en una semana donde el tema era otro, las elecciones del 27 de octubre, y el futuro que abrieron. En la Casa Rosada respiran tranquilos: alejaron el posible estrago que hubiera ocurrido si continuaba la declinación en votos después de las Paso. No sucedió, no se perdió el control del Congreso. Ahora queda el futuro abierto, y desde ya, incierto.

   “El próximo movimiento político (con vistas a 2015) debería ser asumir que vamos a unas Paso en el FpV ( 2015), no hay posibilidad poner una lista única”. El altísimo dirigente que comentó esto a La Capital razona que el gobernador bonaerense Daniel Scioli va a jugar su chance, y que se lo debe contener por dentro del FpV. Y que tampoco el kirchnerismo se debe colocar detrás de él. Conclusión habrá otro candidato (hoy por hoy, a elegir entre Jorge Capitanich, Sergio Urribarri y tal vez, Florencio Randazzo). ¿Qué hará Cristina?, dejará correr las Paso sin jugarse, ni por Scioli, ni por el contricante que se le oponga, y que tal vez promueva secretamente (de los nombrados).

   El kirchnerismo consiguió uno de cada tres votos de los argentinos hace ocho días, confirmó que conducirá ambas cámaras del Congreso nacional, a la vez que cayó derrotado en el distrito que donde se realizan 38 de cada 100 votos: la provincia de Buenos Aires, con gran poder numérico y también simbólico y político.

   El crecimiento aluvional de Sergio Massa marca un clima nacional de incomodidad con el kirchnerismo, en especial en el tercio del electorado en disputa, ese que votó mayoritariamente a CFK en 2011, y que en 2013 se retiró.

   De igual modo lo había hecho en 2009 (33 por ciento) respecto de 2007 ( 46 por ciento) , para luego regresar en 2011 (54 por ciento). Los otros dos tercios del electorado, en cambio, lucen inelásticos: uno permaneció incondicionalmente con el kirchnerismo durante las seis elecciones nacionales desde 2003 hasta hoy, y otro tercio, en espejo, no lo votó nunca.

   La pregunta sobre si el kirchnerismo perdió, empató o ganó el 27 de octubre obliga a preguntarse contra qué parámetro. Si se mide contra las Paso de agosto, ganó un millón de votos (subió de 6,5 a 7,5 millones, incluyendo aliados directos como Misiones y Santiago del Estero, entre otros). Si se mide contra 2011, perdió 4,3 millones.

   Y ahí surge el irreconciliable espectro de las posiciones políticas. Es natural que haya distintas perspectivas, lo que no es natural es la sentencia de derrota que se despliega en medios opositores —replicada por la oposición política— y que sólo se sustenta desde una presunta superioridad moral del campo opositor.

   Que un quinteto (Massa, Macri, Binner, Cobos y Carrió de opositores haya logrado capturar dos de cada tres votos constituye una oportunidad para la oposición. Una oportunidad respecto de la desértica perspectiva de hace dos años. Pero una oportunidad apenas discreta en razón de la dispersión de liderazgos, y por ahora con chances lejanas de producir una síntesis nueva que alumbre una experiencia pos kirchnerista.

   Aunque nada pueda predecirse, y en contrario de la expresión de deseo opositora convertida en análisis político, sigue siendo el peronismo kirchnerista la alianza política que tiene la mayor probabilidad de colocar al nuevo presidente en 2015.

   Entre varias razones, porque obtuvo 7,5 millones de votos en una elección que presuntamente “perdió por paliza”, pero que por el empecinamiento matemático lo coloca más que cerca que a nadie de los nueve millones de votos (40 por ciento) con que, según salgan las segundas y terceras fuerzas, podría dejarlo a las puertas de la continuidad en 2015.

   Sin embargo, en el carácter de la herencia que encuentre el kirchnerismo se juega parte de un debate central de la Argentina. La discusión de fondo toma forma en si la experiencia de izquierda populista de la última década constituye una “anomalía” en setenta años de peronismo, o, por el contrario, si la “anomalía” la constituyó la década menemista, siendo el verdadero peronismo el que se expresa en la caras de Perón, Evita, Néstor y Cristina.

   “Van a terminar todos juntos, el peronismo es así, va de la derecha a la izquierda, y luego al revés”, predice la oposición no peronista, mostrando su deseo antes que un análisis concreto de la realidad. Si el peronismo logra salir con coherencia programática de 2015 y mantiene la línea ideológica con que ejercieron el poder Néstor y Cristiana Kirchner, será el menemismo quien entre en la historia como la “anomalía”.

   Si en cambio, el PJ-FpV, para evitar un posible desalojo del control del aparato estatal acepta reciclarse al massismo, eventualmente a un sciolismo en ruptura con el kirchnerismo, u otras culturas conservadoras y amigables con el poder económico concentrado —que persisten muy fuertes en varias provincias, incluidas Córdoba y Santa Fe— , la historia leerá al kirchnerismo como la “anomalía” del peronismo.

   Cuando comunicadores de medios con grandes audiencias persisten en otorgarles a opositores no peronistas (Carrió, Binner, Cobos, ) el activo “ustedes, la centro izquierda, el progresismo”, en realidad se meten de lleno en esa batalla ideológica principal: la necesidad de que el peronismo no capitalice para sí el activo cultural “centro izquierda, progresismo”, por la obvia razón de que el peronismo, aun con intermitencias y graves retrocesos, fue la única fuerza que, por tramos, logró gobernar a la Argentina sin doblegarse ante las corporaciones, objetivando avances igualitarios y de derechos que elevan el bien estar y la dignidad de las mayorías nacionales.

   El resto de los progresismos, tal vez con la excepción de primer Alfonsín recién asumido del 83, en promedio, capituló su rebeldía sin dar ninguna de las batallas prometidas.

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