Viernes 05 de Octubre de 2012
La televisión argentina le ha infligido una severa lesión a la investidura presidencial. Ha exhibido, sin cortes, sendas presentaciones de la señora de Kirchner ante grupos de alumnos de las universidades de Georgetown y de Harvard. Hay que pensar que en el caso de la cadena hegemónica del oficialismo el daño no fue deliberado, pero revela una grave negligencia, que es inexcusable si se tiene en cuenta el generoso presupuesto que el gobierno nacional destina para disponer de medios adocenados. Los papelones en ambos cenáculos universitarios fueron colosales. Se explica ahora por qué la presidenta se niega a responder preguntas: no está en condiciones de superar el interrogatorio más liviano. Excede la extensión de esta carta hacer el inventario de las mentiras evidentes y los divagues más desopilantes que dejan en evidencia la ignorancia, la confusión conceptual y la peligrosa desorientación de nuestra primera mandataria. Lo que torna aún más grotescas todas esas falencias es la absurda pretensión académica de un jefe de Estado extranjero que procura develarles a los propios estadounidenses arcanos de la historia y la realidad de su país nunca conocidos, como que George Washington, héroe de la Independencia y primer presidente de los Estados Unidos, derrotó en la Guerra de Secesión, más de seis décadas luego de su muerte, al general Robert E. Lee. O que son muy ingenuos si creen que la inflación de ese país es del 2 por ciento, imaginando que en la principal potencia del orbe hay también un licenciado Moreno que dibuja las estadísticas y sanciona a los que opinan distinto. Al señalar que dialoga "cotidianamente" con el periodismo, y que no da conferencias de prensa porque los periodistas gritan y patalean, no sólo incurre en una falsedad monumental, sino que deja ante un auditorio foráneo una pésima imagen de su país. Ese resonante traspié se suma a su confusa intervención en la Asamblea de las Naciones Unidas, en la que quiso desviar con un ataque de cuño nacionalista a la presidente del FMI (que se llama Lagarde, y no Legardé) el tema de la impúdica falsificación de las estadísticas públicas de la Argentina, que ya lleva unos cinco años.
Jorge R. Enríquez
jrenriquez2000@gmail.com