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Palo Pandolfo llega para tocar los clásicos de siempre y adelantar su próximo disco

Palo Pandolfo es un personaje de novela. Pero nadie cuenta su historia mejor que él mismo. Entrevistarlo es como empezar a escribir una de las biografías más fascinantes del rock argentino,

Sábado 25 de Abril de 2015

Palo Pandolfo es un personaje de novela. Pero nadie cuenta su historia mejor que él mismo. Entrevistarlo es como empezar a escribir una de las biografías más fascinantes del rock argentino, una épica llena de oscuridades y destellos. En más de 25 años de carrera, como líder de Don Cornelio y la Zona y Los Visitantes, y después en su trayectoria solista, construyó una estética propia, intensa y rockera, y desde un lugar personal, como al costado del camino, se convirtió en un referente fundamental. En 2013 editó su último disco, “Esto es un abrazo”, una síntesis de su estilo con canciones entre místicas y viscerales, y el año pasado también sacó su primer libro de poesía. Inquieto y entusiasta como siempre, ahora Palo sigue en plena actividad: está despidiendo en vivo “Esto es un abrazo”, en una semana entra a grabar su próximo álbum, está preparando un disco bajo el formato de dúo tecno y planea producir a nuevos cantautores. En medio de esa agenda llegará a Rosario para presentarse hoy, a las 22, en McNamara, Tucumán 1016, junto a su banda La Hermandad. Sobre el escenario sonarán temas de sus cuatro discos solistas, clásicos de Los Visitantes y Don Cornelio y dos canciones nuevas, “Drácula” y “El juego”. En charla con Escenario, el cantante y guitarrista desplegó su verborragia para hablar del álbum que se viene (“buscamos algo primitivo y salvaje”), explicó por qué en su búsqueda siempre hay rock and roll y describió el momento justo en que la música dejó de ser un juego para convertirse en un trabajo.

   —Ya estás trabajando en tu próximo disco. ¿Cómo lo vislumbrás?

   —El próximo disco es nuestro tema más importante, es nuestra obsesión (risas). Hace un tiempo estoy trabajando con Matías Parisi, que es DJ, técnico y productor artístico. Con él estamos haciendo la preproducción y definiendo qué audio vamos a buscar. Algunos temas se compusieron en grupo y otros los compuse yo, pero con la idea y el sonido de la banda en la cabeza. Yo creo que tenemos que sacar un sonido más personal, y tenemos un montón de líneas. Queremos grabar lo más posible en vivo, dentro del estudio, y buscar algo natural, primitivo y salvaje. Vamos a buscar cierta catarsis, cierta performance. Interpretar tiene algo de performer y en el estudio hay que marcar ese tipo de juegos para que no sea un disco frío o aburrido. A nosotros nos gustan mucho los Beatles, que grababan millones de tomas en vivo. Y ni hablar de Troilo, Piazzolla, Miles Davis, Coltrane y toda la música que nos gusta, desde Led Zeppelin hasta Pescado Rabioso. El disco va a tener una cosa de salvajismo en vivo, queremos trabajar el ambiente de la batería, como grababa John Bonham, y buscar una cosa medio retro en el audio de la banda, porque los equipos viejos son los mejores. Nosotros somos bastante densos, y en el disco va a haber algo un poco heavy, destellos de algo pesado....    

   —Entonces hay una conexión con “Esto es un abrazo”...

   —Sí, de hecho es una continuación. Es el desarrollo de este proceso que es La Hermandad. Pero acá la composición vino de otro lado. Para “Esto es un abrazo” yo había detonado con un tema, “Oficio del cantor”, que abre “Ritual criollo”, que lo compuse de manera automática, de un momento a otro, completo. Cuando vi que este tema había quedado bien me emocioné muchísimo y me dije “bueno, hay que componer así”. Desde el 2008 hasta el 2011 compuse de esa manera. Y dio unos frutos tremendos en “Esto es un abrazo”, que tiene una energía arriba mal, es un disco muy expansivo, lleno de amor. Es un disco muy arriba y muy profundo al mismo tiempo. Al disco lo hice después de un tiempo en el que pasaron muchas cosas: tuve a mi hijo varón después de dos nenas y vendimos nuestras casas con mi mujer para construir otra casa para la familia. Vender una casa ya es un delirio y mudarse también es traumático. En esa época yo me volqué mucho a mis niños, a mi familia y no compuse mucho. Hace un año nos mudamos y ahí me planteé volver a componer, porque si no compongo me muero (risas). Yo tenía en la cabeza el tema de la melodía, la melodía como patrón de una canción. Pero esta vez a las melodías las puse en mi tesitura, en mi registro vocal. Además en las nuevas canciones también hay oscuridad y cierta furia, que vino después de mudarme, porque cuando uno está establecido se pregunta ¿y ahora qué? (risas). Entonces tuve que escribir de nuevo sobre un lugar diferente del alma, y si es denso, bueno, la vida también es densa. No todo es ser feliz y tener hijos. Además tener hijos te duplica los miedos.

   —¿Es cierto que estás armando un dúo tecno? ¿De qué se trata ese proyecto?

   —Sí, estoy trabajando con Daniel Gorostegui. Nosotros tocamos juntos en Don Cornelio y Los Visitantes, del 87 hasta el 95. El es un referente personal y musical en mi vida. Dani es un melómano, un sabio de la música, siempre está en contacto con lo más moderno. Te encontrás con él y te baja lo último de Londres, Alemania y Estados Unidos. Todo lo anglo lo maneja como un crítico de Inglaterra, el maldito (risas). Sabe mucho. Tenemos compuestos diez temas y queremos hacer un disco. Pero hay que estudiarlo un poco para ver cómo podemos presentarlo, porque es algo muy diferente, lo voy a hacer desde otro lugar, desde otro tipo de producción. No es rock and roll, quiero que sea otra faceta diferente a una banda, para que convivan en un mismo universo sin pisarse en nada. Pienso que vamos a hacer una serie de shows muy acotados en ambientes de electrónica. Acá no quiero ser Palo Pandolfo, quiero disolverme en un proyecto que pueda tener un nombre distinto, y que Daniel dispare todo y que yo esté ahí en un costado.

   —Se te nota muy activo a los 50 años. ¿Cómo te sentís en esta etapa de tu vida?

   —Hiper hiperactivo (risas). Sí, estoy haciendo muchas cosas. También soy productor artístico de bandas y me encargo de la parte operativa de los shows de La Hermandad. Algunos integrantes de la banda me ayudan con eso. Nosotros tenemos una compañía discográfica, S-Music, que es la compañía de Alejandro Varela, uno de los padres de management argentino. El es mi manager, pero una vez me dijo: “Vos no abandones el indie” (risas). Yo trabajo mucho en el día a día, soy una bestia de laburo. Esto es indie rock cien por ciento.

   —En “Esto es un abrazo” atravesás distintos ritmos, pero la estética es rockera, el sonido es rockero y la pasión también. Hay músicos que pierden esa impronta con el correr de los años. ¿Vos cómo la conservás?

   —Soy un buen bebedor (risas). Bebo bien, aprendí a llevar el demonio del alcohol de la mejor manera, con elegancia, y aplicándolo en puntos estratégicos (risas). En los shows llega un momento en el que hay una pérdida de la conciencia, pero siempre volvemos. Y durante todo el recital es mantener la elegancia y poder generar swing, que sea algo bailable. Yo siempre relaciono la música con el baile. Recuerdo que cuando era chico estaba con el bombo legüero colgado, con el Winco y bailando y cantando en mi cuarto, en la casa de mis viejos. Es dificilísimo hacer los discos como uno los sueña, pero nosotros trabajamos mucho como para poder darle mucha energía. Por eso armé La Hermandad con gente que tenga ese sentimiento, esa necesidad de expresar algo y esa vibración profunda. En los shows es donde yo mantengo viva esa llama, que nunca se apagó, por más que haya hecho temas electrónicos o folclóricos. Aunque yo esté solo con la guitarra criolla, en un momento dado de mis shows hay un ruido infernal, un grito primal, y nadie sabe qué está pasando. Y yo tampoco (risas). Yo siempre llego a ese mismo estado aunque esté con la guitarra criolla desenchufada. Siempre voy al éxtasis, al chamanismo, a perderme un momento y ver qué entra, qué puede pasar a través mío. Esa es mi búsqueda, por eso hay rock and roll. El rock se compone de esos elementos de primitivismo, de búsqueda ancestral.

   —En la última década aparecieron bandas que hablan de Don Cornelio y Los Visitantes como una gran influencia. ¿Creés que hubo una revalorización de estos grupos? ¿Cómo te sentís vos en ese lugar de referente?

   —Es muy loco. Don Cornelio fue una banda que en el 89 la compañía la despidió en la presentación de un demo para el tercer disco. Nos dijeron “chau, matensé”. Pero cuando “Espiritango” de Los Visitantes salió disco del año (en el 94), esa misma gente nos dijo: “Por favor, ¿nos dan el demo y editamos los dos discos de Don Cornelio en CD y ponemos ese bonus track?. Hace 25 años que me pasa lo mismo. Siempre me revalorizan tarde. Yo me cago de risa de eso, en principio me parece gracioso. Nosotros somos el eslabón de una cadena. Yo no existo sin Porchetto, Spinetta, León Gieco, Charly, Litto Nebbia, Javier Martínez y todo lo que existió antes de que yo hiciera mi primera canción en el 77. La música popular es transmisión oral, y así como yo me he inspirado en esos músicos, cuando mi obra empezó a circular inspiró también a los demás. Como dice Lennon: el secreto es afanar bien. Eso es la canción popular. Por otro lado me halaga ser referente de mucha gente súper interesante como Pablo Dacal, Tomi Lebrero y Alfonso Barbieri. Nosotros vamos a cenar juntos, ellos vienen a mi casa, toda la nueva vanguardia me dio amigos. Eso es genial. Además hay un intercambio artístico. Yo grabé en el disco “El progreso”, de Pablo Dacal, que me encanta. También compongo con Alfonso (Barbieri), canto como invitado de Onda Vaga y toco con Lisandro Aristimuño. Ese semillero es maravilloso. A mí me da mucha alegría, me da ganas de vivir.

   —¿Qué cambió en tu visión del rock y la música en general desde los años 80 hasta ahora?

   —Yo presenté mi primer disco solista, “A través de los sueños”, en octubre de 2001, a pocos meses de la debacle final de la economía del neoliberalismo. Saqué un disco independiente y de repente se cae la economía, se cae el país. Imaginate que EMI estuvo a punto de quebrar y cerrar su filial en Argentina. Fue el acabose. Pero yo ahí me curtí, me curtí bien fuerte y de fondo (risas). Seguí con la guitarrita y todo, incluso pude soportar el crédito de una casa y seguir avanzando. Ahí adquirí el oficio de guitarrero y cantor. Recién en el 2002, ya con 38 años, yo asumo mi oficio y lo agradezco a lo loco. Me considero un súper afortunado por haber podido trabajar hasta ahora y seguir proyectando cosas con la guitarra. Hasta ese momento para mí la música era más una aventura, aunque yo trataba de darle visos de profesionalismo. Para mí la música siempre fue un juego. En los 80 yo no concebía que la palabra “trabajo” pudiera estar relacionada con la palabra “música”. Yo tenía trabajos por un lado y por otro hacía música. Cuando con Don Cornelio nos rajaron de la compañía yo dije “el negocio rock no es para mí”, y seguí trabajando de sanguchero, vendía sánguches en la calle. Después fui cadete en una fábrica y trabajé en una importadora de lentes. Con Los Visitantes desarrollamos un producto estético del recarajo, sí, pero desde la animalidad (risas). Desde el 92 en adelante vivo de la música, pero recién en el 2002 asumí mi oficio. Los Visitantes fueron un delirio. Yo entré en un período de egomanía atroz en el 97 y 98. Estaba esquizofrénico, paranoico, neurótico, todo junto. Por eso tuve que hacer un corte abrupto y grabar el disco solista, que ya lo tenía planeado desde hacía años. El corte se dio en todo sentido, porque también tuve una hija y conocí a una mujer divina como Verónica (su actual esposa). El único problema del trabajo como artista es que tiene altibajos. Si yo paro un par de meses de tocar puedo aguantar cobrando derechos de autor, pero es aguantar mal, es casi morirnos. Lo que cambió es mi punto de vista: yo antes hacía cualquier cosa, ahora trabajo.

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