Palabras enfermas, palabras gastadas
Cuando los desastres naturales desnudan realidades resultan mucho más graves que cualquier huracán por venir. Porque no son las catástrofes las más temidas, sino lo que queda luego de ellas. Y en este raro y complejo país, la región no se ha quedado atrás.  

Miércoles 26 de Diciembre de 2012

Cuando los desastres naturales desnudan realidades resultan mucho más graves que cualquier huracán por venir. Porque no son las catástrofes las más temidas, sino lo que queda luego de ellas. Y en este raro y complejo país, la región no se ha quedado atrás. Muchos de nosotros creímos y soñamos con un futuro mejor lejos de la gran urbe. Planeamos y ahorramos para invertir en un futuro natural rodeado de naturaleza. Los gobiernos de Funes y Roldán no paraban de autoalabarse por la gran estampida que significó el loteo masivo de sus tierras aún desiertas. Y allí fuimos, Y creímos, una vez más como tantas otras. Terrenos, agua potable, servicios, gas, vida al aire libre y la posibilidad de forjar un futuro diferente. Se sumaron inversionistas, empresarios, emprendedores y delincuentes (esos que nunca faltan). Y el cóctel fue letal, porque nada mejor le cae a un viejo zorro político, que un empresario delincuente. Hoy después de mucha lucha nuestro proyecto es realidad a medias. Los servicios están, pero también las inundaciones, la falta de previsión, las calles intransitables, la vergüenza ajena por eso que se promocionaba como un "paraíso". Y ahí viene lo mejor, "la portabilidad alfabética" es un curro más grande que la numérica. Porque los políticos hablan de gestión, de obras. Y entonces aparece un barrio, como tantos otros, "Las Acequias" (cuyo vocablo remite a algún lugar soñado), un barrio cuyos vecinos abonan 180 pesos de tasa municipal por un lugar dónde sólo pueden transitar vacas (ellas se encargan de cortar el pasto), luces rotas, abandonadas, sin recolección de residuos y una calle para el olvido: "Fiambalá", el acceso al paraíso, ese paraíso que las tormentas desnudaron. Esa es la "gestión Pedretti", cuyos carteles no hacen más que cansar las palabras, como decía Cortázar, "palabras que a fuerza de ser repetidas terminan por enfermarse". Algo parecido ocurre con Funes y sus loteos, donde una intendenta vive en una verdadera nube, y desconoce la realidad que la circunda. Esas son las realidades que desnudan las tormentas, pero no nos confundamos, no es culpa de la naturaleza, es culpa de la vieja política que tiene los días contados.

Daniel Arrighi
DNI 17.555.637