Viernes 09 de Agosto de 2013
“Ganarás el pan con el sudor de tu frente”, dice el precepto bíblico; “debe trabajar el hombre para ganarse su pan”, decía Martín Fierro; pero para poder cumplir con esas premisas fundamentales, hace falta, precisamente, algo elemental: trabajo. Cada 7 de agosto, el día de San Cayetano, patrono de ese precioso bien, en todas las iglesias puestas bajo su advocación, gente que no tiene trabajo y algunos que viven la dicha de hallarse trabajando se hacen presentes ante su imagen; unos, rogándole que interceda para que consigan una ocupación; otros, para agradecerle por estar gozando de esa bendición laboral que para la mayoría, es imprescindible, y que hace al bienestar de hombres, mujeres y familias. San Cayetano fue canonizado en 1671 y se lo recuerda el 7 de agosto porque falleció en igual fecha del año 1547. Era de familia noble y disponía de riquezas pero las cedió a los necesitados, imitando a Jesús que había vivido en la pobreza; por eso es llamado el “Padre de la providencia”. Según algunos creyentes el patrono del trabajo es San José, pero la costumbre le asignó a San Cayetano esa luminosa dignidad. Muchas personas, fundamentalmente aquellas que son devotas, le ofrendan precisamente eso, su devoción; en la intimidad del hogar, o en el santuario del santo cuyo emblema es la clásica y dorada espiga de trigo, porque a San Cayetano, se le atribuye también la facultad de rogar para que en los hogares no falte el pan de cada día.
Edgardo Urraco