Lunes 22 de Octubre de 2012
Nada mejor que los domingos a la mañana, luego de los avatares de la semana, para disponernos a disfrutar de unas horas al aire libre, bajo el sol, al lado de nuestro querido río Paraná. Ir en el auto, tranquilos, sin sobresaltos, ya que durante la semana, debido al caos vehicular, es preferible dejarlo. A pesar de que ya no podemos ir por el camino que nos encantaba, ya que es zona peatonal, nos acomodamos a las circunstancias y vamos por el viaducto Avellaneda hacia el norte, disfrutando la vista, salvo cuando llegamos a la altura de avenida Génova, donde nos desvían por los maratones y bicicleteadas que se llevan a cabo cada vez más seguido. En caravana nos dirigimos a la avenida Alberdi para finalmente poder bajar a la playa donde nos disponemos a disfrutar de lo que nos queda de la mañana. Nos relajamos en las reposeras y cerramos los ojos. Pero, ¡oh sorpresa! Comienzan a correr perros alrededor nuestro, salpicándonos de arena, orinando y defecando en nuestras narices. Yo me incorporo buscando a los dueños, pero ellos están tomando mate, conversando y mirando para otro lado. Mi marido me pide que siga tomando sol y no preste atención. Cuando subimos me paro a leer el cartel que está en la entrada con las disposiciones de la Municipalidad y leo "prohibido entrar con animales". Me sonreí y llegué a la conclusión de que a nadie le importa lo que ahí dice. Eso sí, rosarinos, de seguir esta situación, la arena será reemplazada por excrementos de las mascotas y los chicos en lugar de hacer castillos de arena, los harán de caca. ¡A seguir disfrutando!
Aída Brescia