Viernes 09 de Julio de 2010
Señora presidenta de la Nación: con el respeto que merece su investidura, permítame expresarle mis consideraciones antagónicas a las políticas que usted y su gobierno imponen, en un momento del país donde el flagrante crecimiento económico se contrapone con la escalada inflacionaria, la pobreza, la depresión del mercado interno por el bajo poder adquisitivo de la clase trabajadora, entre otros indicadores que echan por tierra toda expectativa de desarrollo social. Independientemente de mi posición reluctante sobre algunos lineamientos de su gestión gubernamental, no ignoro que la República ha afrontado situaciones difíciles en otros períodos presidenciales, con antelación a la asunción de su esposo, en 2003, Néstor Carlos Kirchner. Hiperinflación, programas neoliberales que produjeron cierres masivos de las empresas del Estado y por ende argentinos sin empleo, rebeliones populares al compás de los cacerolazos, inmovilidad de depósitos bancarios de los ahorristas, un presidente dimitiendo a su cargo cuando la Nación parecía incendiada, devaluación del peso argentino. Es decir, no desconozco esto que ocurrió. Actualmente, créame que me eriza la piel conocer datos precisos, no los que suministra el Indec, sobre las necesidades sociales. Me deprime saber que casi el 50 por ciento de la población vive en condiciones de marginalidad, desamparo, vulnerabilidad, pauperización. Me desanima que mucha gente diga que nada cambiará, que todo seguirá mal, que no pueda proyectarse o pensar en un futuro promisorio. Existen múltiples problemas por resolver. Qué me dice de la inseguridad, que siembra el temor en los barrios de diversas localidades, de la educación; con alto índice de repitencia y abandono escolar, de la clase pasiva; sometida a vivir con magros ingresos monetarios y en gran proporción se utilizan para comprar medicamentos, de los jóvenes; que no saben cuál es el rumbo ideal de cara al devenir. Sé que usted y los ministros que la acompañan en su gestión centran la atención en la macroeconomía, en el superávit fiscal, en las reservas del Banco Central para financiar el pago de la deuda. Pero, miles de argentinos no entienden de estos asuntos, ellos quieren mejorar su nivel de vida, tener trabajo digno, desarrollarse a través de los años y asegurar un final placentero, sin problemas económicos. ¿Es mucho pedir? Lo último que me interesa señalarle es sobre la ley de medios, aprobada en el Congreso Nacional. Por favor, no la utilice para atenuar el ejercicio del periodismo, sería una gravedad institucional mayúscula. La libertad de opinión e información son pilares que sustentan la democracia. No copie recetas venezolanas e intente aplicarlas en la República Argentina, por más que las relaciones entre su gobierno y el de Hugo Chávez sean hoy excelentes. Que este mensaje no signifique una ofensa, mas bien represente otro modo de ver el país.
Marcelo Malvestitti, marcelomalvestitti35@hotmail.com