Otro modo de participar, como en los comicios

Jueves 20 de Agosto de 2009

El hombre es una inextinguible fuente de desorden, frente al cual el orden es un desesperado intento de imponer regularidad en el mundo humano. En este apetencia de orden, el sistema penal y en particular el sistema de enjuiciamiento es, aún así, falible. Sea cual fuera el sistema de enjuiciamiento, en todos habrá una falibilidad que hay que minimizar.

Nuestros tribunales actualmente juzgan en forma unipersonal o colegiada, con excepción de Córdoba. Nuestro sistema penal impone límites que apuntan a controlar la arbitrariedad. En un estado democrático de derecho los principios constitucionales son un freno a la soberbia y al totalitarismo. Y es la Constitución la que obliga a respetar la libertad, la legalidad, la inocencia, el debido proceso. Y es también la Constitución la que establece el juicio por jurado.

En ese marco, históricamente el juicio por jurados aparece ligado al proceso acusatorio y ya lo encontramos en el derecho ateniense. España en su momento traslada a Latinoamérica su profunda inquisición y eso frenó el desarrollo de la participación ciudadana. Entiendo que con esto se generaría horizontalidad en las decisiones, se acercaría a la ciudadanía al hombre igual resolviendo cuestiones de todos. Se estimularía una honda toma de conciencia respecto de la tarea de juzgar, su complejidad y sus límites. Se evitaría el menosprecio del principio de inocencia y se daría protagonismo a cada ciudadano.

El juicio por jurados es una recuperación de la ciudadanía ante los poderes absolutos. Es además viable en esta instancia de debate público y oral. En detrimento de quienes sostienen que el ciudadano no está preparado yo creo que sí lo está y una clara demostración es la forma en que participa de los comicios, donde la responsabilidad y la limpieza son defendidas a rajatabla en la mayoría de las mesas electorales.

Las reservas que habría que cubrir pero no son infranqueables son la autonomía en la decisión, la no influencia de factores externos, pero ello se resuelve caminando y se sostiene a partir del prejuicio de que todo el mundo es influenciable, cuando a la hora de resolver un problema el ciudadano lo piensa y la colegiación lo fortalece.

Sea cual fuere el sistema que se adopte, hay que repensar en la criminalización secundaria: mientras sigamos castigando a los mismos hay que hacer esa reserva. Habría que incorporar al juicio por jurados resueltamente el delito de corrupción política y los delitos de guante blanco.

(*) Juez de Sentencia de Rosario. Docente Facultad de Derecho UNR