Otro error de la Justicia
Vengo de la época donde el ser era más valioso que el tener, donde la palabra era más importante que una firma y donde la herencia que mejor nos dejaban nuestros padres era un apellido sin manchas, sin antecedentes penales o judiciales.  

Lunes 24 de Diciembre de 2012

Vengo de la época donde el ser era más valioso que el tener, donde la palabra era más importante que una firma y donde la herencia que mejor nos dejaban nuestros padres era un apellido sin manchas, sin antecedentes penales o judiciales. Yo desde 1959, me dediqué a donar mi tiempo libre en hacer tareas solidarias y junto a mi tiempo y con un diagnóstico de cáncer de mama (1985), me aferré a hacer algo, poco o mucho, pero algo por los demás. Y así nace una ONG con la muerte de mis hermanos, en el año 2004 (Abuelos Sustitutos) donde se les trataba de dar a los niños y a los ancianos el amor que les estaba faltando por uno u otro motivo y comencé a ir con abuelos a lugares de internación a acompañar a niños en tratamiento quimioterapéutico, a geriátricos acompañando a abuelos solos, repartir juguetes en fechas alusivas, hacer colectas para ayudar a carenciados, campañas de prevención, y muchas tareas que daban a nuestra vida un reconocimiento de amor y orgullo de lo que hacíamos con nuestra edad. Un día mi ambición fue el de querer poner un comedor para niños y abuelos carenciados y allí cometí un error por la ambición de querer dar más, me presenté con un contrato (que hoy dicen que es falso) al lugar mencionado en el mismo, en representación de Abuelos Sustitutos como directora y esa actividad que hice (no personal) sino como representante de una ONG hizo que se me procesara como usurpadora y a la vez como falsificadora de documento público (sin verificación de firmas ) y dando nombres de quien lo había otorgado a los abuelos. Nunca fue llamado a declarar para que dijera de dónde salió ese permiso precario con sellos, firmas y membretes. Fue un golpe muy fuerte y el mismo hizo que la ONG fuera mermando su actividad y se diluyera pero lo más triste es que nadie preguntó, a nadie le importó el que abuelos dejaran de tener sueños, dejaran de acompañar a niños y abuelos solos. A nadie le importó porque estos abuelos dejaron de dar lo mejor que nos queda en nuestra última etapa, que era dar amor y tiempo (muy escasos en estos momentos y tan necesarios). Nadie preguntó, y esto también fue otro error de la Justicia que a nadie le importó. Y mis dedos fueron marcados y manchado mi apellido, por esta justicia que no se entiende y que a muchos quizás beneficia.

Martha Chimento
DNI 4.104.512