Domingo 30 de Marzo de 2014
A esta fecha, ya transcurrieron 38 años de aquel fatídico día en donde se rompió ese espacio tan débil en el cual estábamos inmersos, llamado democracia. Fue, creo, de todos los golpes de Estado, el de mayor estrago institucional, donde la sociedad toda se vio estigmatizada por la desaparición de personas. El Estado de derecho se esfumó como fantasma, y hubo dolencias de todo tipo signadas por las Fuerzas Armadas que tomaron por terroristas a todo aquel que sin saber por qué llegaba a una celda y era presa del exterminio sistemático. Hasta que estas mismas Fuerzas Armadas, poco a poco, se fueron debilitando en el poder y como todos sabemos, apareció el remedio necesario, nuestra querida democracia. Pero es aquí donde quiero detenerme para pensar en profundidad de qué nos sirvió el dolor de tanta gente que vivió situaciones que los marcaron para el resto de sus días, de qué sirvió el haber perdido a seres queridos y no volver a saber de ellos. De tanto dolor en la herida de la sociedad, creo que estamos bregando por algo que ya tenemos en claro que no volverá a suceder. Pero para esto tenemos que demostrar como sociedad la madurez que necesitamos como para que cada año ya no tengamos que revalidar aquel “Nunca Más”. Debemos demostrar y demostrarnos que a las instituciones las respalda el pueblo y nada hará cambiar esto. Creo que ya no hacen falta marchas para esto, hagamos de este día algo distinto, creo que podemos. Sin olvidar el pasado nos debemos a un futuro, con una visión progresista donde nuestros derechos se respeten cada día y no que seamos agredidos o pisoteados por aquellos que no están a la altura de las circunstancias para vivir en sociedad. Hagamos del dolor, fortaleza; de nuestros sueños, realidades, y tengamos la certeza de que esta es la forma de apuntalar y endurecer la democracia, donde desde siempre debimos aprender que es el único refugio que necesita un pueblo soberano para vivir con una visión de futuro. Demostremos tener la suficiente inteligencia para sortear los duros obstáculos que fueron puestos en nuestro camino, sabemos adónde queremos llegar como país, nuestros sucesores lo necesitan.
Guillermo Ferreyra
DNI 13.588.802
Las mentiras
de siempre
Ya estamos inmersos en una nueva puja electoral desde donde se tirarán proyectos, reformas, acusaciones, a los que algunos con paciencia, otros con bronca y otros sin creerles nada escucharemos durante más de un año. Nos taladrarán el cerebro para averiguar quién es el mejor, el menos corrupto o el que más nos conviene. Creo, en mi modesta opinión, que cualquiera de las propuestas no cambiará en absoluto el status qúo y con algunas variantes seguiremos con las mismas mentiras y condicionamientos. Estimo que el viejo y perimido sistema de representación ha permitido el ingreso al Congreso a personas que servirían para tomar un café, tan inútiles son, y que además sin aportar nada hoy están con sueldos muy altos y otras prebendas que el ciudadano común no tiene, y son nada más que calientaasientos. ¡Qué desperdicio! Esto ha permitido el retroceso, como país, por décadas. Estimo que si pensáramos en otro tipo de democracia, tratarían de aplastarnos cual cucarachas por habérsenos permitido pensar algo diferente, y me refiero a cambiar el sistema proporcional por uno representativo con la participación activa del pueblo, que los postulantes y candidatos a distintos cargos sean elegidos en forma directa de acuerdo a sus valores, locales y ciudadanos que hayan acreditado su honestidad a lo largo de su vida y con una cláusula ineludible cual es la revocatoria de mandatos, para que estén en los cargos los más idóneos, en todos los estamentos del Estado. Esto modificaría radicalmente el funcionamiento del país, incluso reformulando y reforzando las instituciones. Es decir, no se cambiaría el esquema formal pero sí el contenido sería diferente. Es una primera propuesta que seguramente iré abonando para cada una de las instancias que hacen a la vida social y comunitaria.
Dusan Sigulin
LE 6.009.490
Apoyo al fiscal Camporini
El fiscal Camporini es un ejemplo de honestidad y mejor persona, extraordinario profesional, educado en un colegio de origen francés y, como muchos, se levantaba a las seis de la mañana para realizar los estudios, sin tener en cuenta los esfuerzos requeridos por la vida universitaria. Se necesitaría muchísimo para estar a la altura de él, aunque seguro él, que es una persona sencilla, no aprobaría este último concepto. En especial, esto va dirigido a la persona que planeaba un atentado contra su integridad (cuesta creer a lo que se está llegando en este país, nada menos que atentados a jueces y fiscales). En realidad es a este último a quien le cabe el mote de “bocón”. El doctor Camporini es una gran persona, la clase de personas que necesita este país, que está muy lejos de aquel país en que de barrio Martin a las villas campeaba el respeto, donde dialogar y entenderse con un habitante de una villa era posible, pues estas gentes, a pesar de su condición, eran dignas, un país donde a pesar de numerosos problemas se podían lograr cosas. Hoy esta país está hundido en el facilismo, la locura, la intolerancia, la violencia, el disparate, la desintegración. Es un país que ha sufrido, al menos sus clases dirigentes, una regresión infantil. Creo, doctor Camporini, que en realidad el enemigo no es sólo un policía preso por deshonesto, cuya intención es repudiable. El verdadero enemigo, su enemigo, mi enemigo, el enemigo de todo argentino de bien, son las ideologías fundamentalistas, fanáticas, y políticos que las profesan. Quién podría dudar de la capacidad profesional del doctor Camporini y tantos otros profesionales de las leyes que no dudo que saben cómo interpretarlas y cómo aplicarlas. El problema está en el espíritu de las leyes, sobre todo referidas a cuestiones de seguridad, que encierra el delirio de quienes las escribieron, ideólogos de la corrupción, de la delincuencia y del garantismo inconcebible; en definitiva, escrita por delincuentes que son cómplices de los delincuentes que salen a realizar las fechorías.
Miguel A. Decunto
DNI 11.270.762
Una casa para esta gente (II)
Felicitamos al señor Gonzalo Rossi, por algo mereció que su escrito fuera como destacado, autor de la carta publicada el martes 25 del corriente con el título “Por favor, una casa para esta gente”. Adherimos a sus juicios y argumentos y además, nos evita la redacción de una misiva similar, que ya se estaba pergeñando en nuestra familia. Todas sus preguntas retóricas -que no necesitan respuestas- son las que nos hacemos diariamente mucha, mucha gente, a esta altura ya demasiada, que nos sentimos a veces inmersos en una situación kafkiana. Sólo agregamos: ¿qué pasa cuando conceder derechos acota los tuyos, derechos sencillos, de buena gente y constitucionales? ¿Cuándo se propone la distribución justa de la riqueza, justicia innegable, pero se niega un salario que dignifique la valiosa tarea docente? ¿Qué pasa cuando comprendés que la llegada de un hijo no se soluciona con un subsidio monetario sino educando desde el Estado para una maternidad responsable, dedicada y amorosa? ¿Quién nos garantiza el artículo 14 bis de la Constitución nacional incorporado en la reforma de 1957, que establece: “El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes”, cuando en la puerta de mi domicilio un buen y trabajador muchacho de un delivery fue golpeado y robado para llevarle la moto, su medio de trabajo? Tengamos empatía entre nosotros, no dejemos que nos confundan de que si opinamos así, somos “insolidarios”. Palpita la solidaridad por ejemplo, en pretender un pueblo con niños deseados y amablemente criados en su hogar y en haber atendido al muchachito como si se tratara de nuestro propio hijo. Gracias Gonzalo, por el olor a humo que permitió esa carta con la que nos sentimos representados.
Raúl González
DNI 6.043.304
Silvia Florentino
DNI 5.134.370
Lucio González Florentino
DNI 27.971.053
A seis años
de la 125
Pasaron seis años de la resolución 125, cuyo propósito era reglamentar las retenciones móviles y en consecuencia aumentar las mismas. Y es bueno hacer memoria de aquellas grandes participaciones en las rutas y movilizaciones que impidieron el objetivo del gobierno nacional. Sin embargo, analizando el presente, las retenciones, la inflación y la voracidad impositiva se han vuielto insoportables. El campo tiene que volver a reclamar, no sólo ante el Ejecutivo nacional, sino ante los gobernadores, las Legislaturas provinciales y el Congreso, por: 1) modificación de las retenciones, eliminando las mismas para algunas producciones y disminuyendo en otras, ante la proximidad de la siembra del trigo. 2) Reforma fiscal, aplicando gravámenes a las ganacias. 3) Transparentar la recaudación impositiva. 4) Que las denuncias de corrupción no prescriban, a fin de que nadie quede impune. 5) Atendidas las necesidades del mercado interno, autorizar sin trabas los excedentes para la exportación. Quienes hemos estado en las rutas en 2008 estamos haciendo esfuerzos para llegar a los legisladores provinciales y nacionales con este planteo. Como ex director de Federación Agraria Argentina, quiero pedir al campo que se movilice y reclame respeto por lo que significa producir y a través del diálogo buscar soluciones.
Roberto Petrini
Arroyo Seco
Hermanos contra hermanos
Estamos amenazados, todos. Desde el gobernador para abajo, todos vivimos bajo amenaza. Amenaza de seres desconocidos que pululan por todos los rincones, que generalmente son hombres jóvenes que delinquen usando gorro con el que esconden gran parte del rostro y circulan en moto, algunas veces en auto y se reproducen como cucarachas impulsadas y alimentadas por la falta de políticas de trabajo y educación. No tengo la estadística exacta, sólo considero que la mayoría de nosotros, los santafesinos, los argentinos, hemos tenido un desagradable o fatal encuentro con ellos. Es como si nos hubieran declarado una guerra, que como tal persigue intereses. Nosotros, los trabajadores decentes, no la deseamos jamás. Será por ello que hasta acá sólo atinábamos a defendernos, a llorar nuestra pena reclamando una Justicia que de antemano sabíamos lenta e injusta, o a enrejar nuestras viviendas. Ahora observamos perplejos un cambio de actitud. Murió uno de los victimarios por las manos de las víctimas. Dejando volar mi imaginación visualizo el momento de furia popular, de bronca compartida, desatada sobre el cráneo equivocado, existente debajo de la gorra. Los delincuentes comenzaron a cosechar su siembra. Pero eso no es bueno para el resto de la sociedad. Los que lo agredieron seguro que son personas de bien. Y como tales es muy probable que sufran algún tipo de culpa. No sirve. El atacante está muerto y con eso no se ha solucionado nada. La guerra sigue. Hemos votado para que nos guíen, nos cuiden, nos eduquen y nos den trabajo. Hemos votado para seguir siendo dignos. Exijamos con fuerza a quienes les corresponde la tarea, que la cumplan. Sumémosle voluntades si las necesitan. Participemos. Canalicemos el dolor y la bronca por un camino que nos permita recuperar la paz y la libertad que nos arrancaron. Matarnos entre hermanos, nunca más.
Edith Michelotti