Orgullo por el Papa en los barrios porteños
En las capillas de los barrios pobres de Buenos Aires se sintió ayer un gran orgullo y satisfacción en las misas dominicales por la elección de un Papa argentino, mientras en las afueras de la Catedral reinaba la venta de imágenes y objetos con el rostro del Sumo Pontífice.

Lunes 18 de Marzo de 2013

En las capillas de los barrios pobres de Buenos Aires se sintió ayer un gran orgullo y satisfacción en las misas dominicales por la elección de un Papa argentino, mientras en las afueras de la Catedral reinaba la venta de imágenes y objetos con el rostro del Sumo Pontífice.

Los oficios religiosos previos al Domingo de Ramos se centraron en la designación del cardenal Jorge Mario Bergoglio como el nuevo Papa.

Las misas en las barriadas pobres empezaron temprano y fueron más íntimas. En algunas como la de la parroquia Virgen de los Milagros de Caacupé, hubo personas que quedaron de pie en la entrada pese a que el párroco Lorenzo de Vedia dispuso la colocación de unos bancos largos.

Blanca Franco, un ama de casa de 58 años con cuatro hijos, siguió la misa con una concentración absoluta, como si sólo estuvieran ella y el Cristo crucificado en el altar. Por largos momentos le rodaban las lágrimas por las mejillas.

"Tengo cosas en mi corazón que sólo Dios sabe", dijo a The Associated Press. Cuando se tranquilizó, expresó estar "feliz por la designación de nuestro cardenal".

Marcos Manuel Solar, un paraguayo de 28 años con una amplia sonrisa, contaba a quien quisiera escucharlo que el nuevo Papa lo había confirmado.

Solar, que ahora trabaja en un comedor comunitario, es uno de los adictos recuperados en la villa 21-24 de Barracas donde se ubica la parroquia de Caacupé, en un grupo que ayudó a fundar Bergoglio.

De Vedia, conocido por todos como el "padre Toto", recordó que el nuevo Papa presidía las confirmaciones todos los 8 de diciembre y que acudía al barrio al menos cuatro veces al año; asistía a asados con los pobladores y conversaba con ellos. Juan Carlos Aquino, un vendedor de feria de 53 años, recordó que el pontífice en ocasiones también participaba en fogatas y en fiestas de peregrinación.

En el centro. En la Catedral, en pleno centro de la ciudad, el ambiente era diametralmente opuesto. Pululaban los vendedores ambulantes que vendían chapas, calendarios y afiches con distintas fotografías de Francisco. Uno de los artículos más vendidos era la bandera vaticana, de diversos tamaños. Uma Eiras, de diez años, llevaba una pequeña bandera vaticana que dijo que instalaría en su habitación y que la de su mamá, que era más grande, la colgaría en el balcón.

Roberto Ramírez, que vendía afiches con la imagen de Francisco en el balcón del Vaticano a unos 10 pesos los pequeños y 30 pesos los grandes, dijo que para no comprar a los empresarios se reunieron cuatro comerciantes y mandaron a imprimir diez mil afiches.