Jueves 23 de Agosto de 2012
Marcelo Diez tuvo un accidente con su moto el 23 de octubre de 1994. Tenía 30 años cuando un auto lo chocó en la ruta 22 de Neuquén.
De profesión contador, era un apasionado por los deportes: esquiaba, nadaba, pescaba, escalaba, hacía trekking. Sus hermanas Adriana y Andrea respetaron la voluntad de sus padres de tenerlo cerca, en su casa, pero cuando los dos terminaron muriendo enfermos de tristeza, ellas comenzaron a reclamar por el derecho a una muerte digna. Piden que le retiren la sonda clavada en su intestino que lo alimenta y lo hidrata pero los médicos se niegan y los jueces también. El caso ahora está en manos del Tribunal Superior de Justicia de Neuquén.
Quienes se oponen a la muerte digna dicen que Diez respira por sí mismo, que no está sujeto a técnicas extraordinarias sino que éstas lo alimentan. Si se le retira la sonda —dicen— , se lo mata de hambre y de deshidratación. ¿Es eso "muerte digna"?
Acusan que es tremendo dejarlo morir de hambre y sed y que nunca se sabe si puede llegar el momento en que el cerebro reaccione.