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Ola de suicidios en Italia crece de manera alarmante por la crisis económica

Roma. — La crisis que golpea a Europa se convirtió en un callejón sin salida para muchos italianos, que en algunos casos llegan a situaciones límite, que incluyen el suicidio. El domingo, un desocupado de 48 años se quemó a lo bonzo en un descampado a las afueras de Turín, al norte de Italia.

Miércoles 22 de Agosto de 2012

Roma. — La crisis que golpea a Europa se convirtió en un callejón sin salida para muchos italianos, que en algunos casos llegan a situaciones límite, que incluyen el suicidio. El domingo, un desocupado de 48 años se quemó a lo bonzo en un descampado a las afueras de Turín, al norte de Italia. La policía halló junto a su cadáver una botella con líquido inflamable y, en el precario lugar en el que vivía solo, una nota en la que describía las razones de su suicidio: había perdido su trabajo y no había podido conseguir otro.

Un caso muy similar se produjo el pasado 11 de agosto en Roma frente a la sede del Congreso de los Diputados en Roma. Poco después de la medianoche, Angelo Di Carlo, un obrero de 54 años que había quedado desempleado se roció con líquido inflamable, sacó su encendedor y se prendió fuego. Pese a que los carabinieri consiguieron extinguirlo, Di Carlo no sobrevivió a las heridas. Murió tras permanecer ocho días hospitalizado a consecuencia de las quemaduras que presentaba en el 85 por ciento de su cuerpo. Di Carlo era viudo y estaba inmerso en un proceso judicial contra sus hermanos por una herencia. En su mochila se hallaron dos cartas: una para su abogado y otra para su hijo, al que dejaba una herencia de 160 euros.

El fenómeno se manifestó con mucha fuerza este año, dejando al país conmocionado y desalentado, cuando una larga serie de empresarios y desocupados se quitó la vida. Muchos lo hicieron en privado. Otros, sin embargo, lo realizaron en la calle otorgando a su acto un matiz de protesta o de acusación contra las instituciones políticas. Los periódicos, entonces, empezaron a hablar de "suicidios por la crisis económica". La tensión era tan alta que sindicatos y gremios de empresarios —insólitamente unidos— reclamaron más atención y sensibilidad sobre el tema. Al menos 30 casos se registraron en lo que va del año.

Cifras alarmantes. La crisis económica que sacude a Europa —con Italia en la primera línea— desde hace ya tres años, ha minado la base económica de la vida de muchas personas. En Italia, los suicidios presuntamente vinculados a las dificultades económicas aumentaron un 52 por ciento, pasando de los 123 del año 2005 a los 187 de 2010, según datos de la policía (que al registrar un suicidio debe señalar en el acta la supuesta motivación). En algunas ciudades se establecieron líneas telefónicas para consultas de apoyo a los trabajadores con dificultades. El fenómeno comenzó a ser inquietante entre los pequeños y medianos empresarios del norte industrial del país, muchos de los cuales se vieron incapaces de pagar sus deudas ante el cierre de sus negocios. Sólo en 2011, unas 11.600 empresas cerraron por culpa de la tormenta financiera.

Poco optimistas. Mientras el premier italiano, Mario Monti, comentaba este fin de semana que el final de la crisis "está cerca", muchos italianos que llevan en situación de desempleo varios años y a los que se les han acabado las prestaciones sociales no son tan optimistas. Ya no se trata de empresarios en ruina o jóvenes indigentes, ni tampoco de jubilados con pensiones indignas. Los especialistas advierten que el fenómeno está aumentando de manera preocupante.

El mayor número de muertes se registró en el Véneto, la llamada "locomotora de Italia"; la región que en los años 90 fue el motor del crecimiento económico del país, sobre todo gracias a una difusa y tozuda red de pequeñas empresas. En los últimos tres años, se suicidaron allí 30 empresarios por razones vinculadas a su trabajo: baja en los pedidos, falta de créditos bancarios o deudas.

El fenómeno se amplió a otras zonas de Italia, en ciudades como Catania (Sicilia) y Roma. Un albañil de 58 años abrió la triste letanía de muertes en Bolonia, al norte del país. El 28 de marzo, se encerró en su auto, en el estacionamiento situado frente a la oficina de Hacienda de su ciudad y se prendió fuego. Cuando lograron sacarlo del vehículo tenía el 95 por ciento de su cuerpo quemado. Murió 9 días después en la cama de un hospital. Las cartas que dejó a su mujer decían que no soportó el peso de una deuda con la oficina de impuestos.

Otra historia que conmocionó a Italia y volvió a poner cara al drama de la crisis, ocurrió ha ce unas semanas cuando una pareja de ancianos de 75 y 79 años decidió morir junta en su propia casa incapaz de poder ayudar a un hijo, desahuciado y sin trabajo desde hacía meses.

"Los suicidios por motivos económicos son un drama inmenso frente al cual sólo podemos reflexionar. La clase dirigente tiene el deber de encontrar un respuesta a los problemas de los ciudadanos", aseguró Pierluigi Bersani, secretario general del Partido Democrático. "Es algo muy triste, no tengo palabras", se limitó a decir la ministra de Trabajo, Elsa Fornero.

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