Ojalá El Principito se rectifique
Como en el famoso cuento de Antoine de Saint-Exupèry hay disonancia en las percepciones entre el país del gobierno y el país de la gente. Donde todos vemos un sombrero, el gobierno ve una serpiente boa digiriendo a un elefante. Es enternecedor.

Martes 08 de Junio de 2010

Como en el famoso cuento de Antoine de Saint-Exupèry hay disonancia en las percepciones entre el país del gobierno y el país de la gente. Donde todos vemos un sombrero, el gobierno ve una serpiente boa digiriendo a un elefante. Es enternecedor. Pero es asimismo inquietante. La noticia de la construcción de un submarino nuclear en el país o del famoso tren bala, mientras cinco barrios porteños están a oscuras, o es necesario el envío de un mail para negar la falta de gas, son dos visiones donde la imaginación parece ocupar el espacio que le corresponde al realismo y a la sensatez. Para nosotros los adultos no es fácil entender la fantasía de los niños y mucho más difícil cuando la visión infantil predomina en el ámbito de la política. Quizás por eso a la presidenta le empieza a ocurrir como al niño protagonista de "El Principito", que se sentía incomprendido. La tendencia al aislamiento es lo más preocupante del matrimonio presidencial. En la cúspide del poder, se corre el riesgo a crearse un universo propio ajeno al mundo real. El Principito, se queja el protagonista "me acosaba a preguntas, nunca parecía oír las mías". Las principales demandas de la sociedad no son escuchadas ni atendidas y el necesario diálogo es sustituido por una reprimenda por cadena nacional. Mientras, en el planeta de la sonrisa, demasiadas cosas siguen funcionando al revés. Aquí es la delincuencia la que infiltra a la policía. Son los reos quienes mandan en las cárceles. El pobre paga el principal impuesto, el llamado IVA, sin escapatoria. Mientras, el poderoso encuentra mil subterfugios para pagar menos o no pagar. "Lo esencial es invisible a los ojos. Debe verse con el corazón". Este indica que hay desencanto. Ojalá nuestro principito rectifique y regrese la magia. Si no, lo que viene después es el desengaño.

Matías Peña Robirosa, matiaspr81@yahoo.es