Lunes 06 de Julio de 2015
El reciente caso de una joven madre de 18 años que sobrevivió en la selva junto a su pequeño hijo trae a la memoria el caso de la joven alemana Juliane Koepcke, de 17 años, quien el 24 de diciembre de 1971 despegó de Lima junto a su madre ornitóloga en un avión Electra de la compañía Lansa, en vuelo a Pucallpa, población peruana que se alza en la selva. Su padre, ecólogo, y su madre eran profesores de la Universidad de San Marcos, en la capital peruana. Once días después, el 4 de enero, Juliane salía de la selva, sola, sangrando, con la ropa desgarrada, cubierta de llagas causadas por los gusanos. A treinta minutos del despegue el avión quedo envuelto en medio de una violenta tormenta y tras un relámpago el avión se sacudió y no tardo en surgir del ala derecha una llamarada de un vivo color amarillo. Tras un golpe violentísimo, Juliane salió del avión disparada al vacío aún amarrada al asiento. Perdió el conocimiento. Probablemente el avión hizo explosión a tres mil metros de altura y una colosal corriente de aire ascendente que se produjo en la tormenta suavizó la caída de algunos trozos del aparato. Volvió en sí en plena selva y bajo una torrencial lluvia. Sin alimentos y con un calor húmedo de unos 45 grados, valiéndose de un palo avanzó tanteando el terreno y cuidándose no tanto de animales grandes como de insectos y víboras, mucho mas peligrosos. Al tiempo escuchó el rumor de agua producido en un arroyuelo, y recordó lo que le recomendaron sus padres investigadores, es decir, en caso de perderse en la selva, hay que tratar de hallar un arroyo y seguir su curso que indefectiblemente conducirá hacia una corriente mayor. Atormentada por nubes de mosquitos (los hay por millones) y con el acecho de pirañas y caimanes que pueblan los ríos, Juliane siguió paso a paso la corriente, tropezando con las lianas que crecían en la orilla, topándose con nubes de moscas que pululaban alrededor de una hilera completa con butacas del fuselaje del avión y en donde aún estaban atados a sus asientos los cuerpos de tres niñas, muertas las tres, cubiertas de moscas. Alimentándose con lo único que tenía, una bolsa con caramelos, siguió la marcha escuchando de cuando en cuando el ruido de aviones desde los cuales, con árboles de una altura de 60 metros (las torres de iluminación del estadio de Central, por comparación, por poco no alcanzan esa altura) era imposible poder divisarla en medio de esa masa vegetal. Debió eludir el paso de ejércitos enteros de hormigas y presenció grandes sapos negros que daban enormes saltos. Los tábanos torturaban su piel y sus heridas; se veía obligada por los obstáculos a avanzar pocos centenares de metros durante horas y horas. Juliane finalmente tropezó con una choza, una de varias, utilizadas por cazadores en sus expediciones. Al tiempo, llegaron al lugar tres personas que la ayudaron a volver a la civilización. A causa de la picadura de los insectos, Juliane tenía los ojos inyectados y completamente enrojecidos y mostraba el rostro desfigurado y tan hinchado que parecía deforme. Tenía brazos y piernas cubiertas de llagas comidas por los gusanos. Del accidente aéreo, fue la única que logro salir de la selva con vida.
Miguel A. Decunto
La basura bajo la alfombra
Mucho hablamos acerca de la evolución humana, sin embargo en materia de “discapacidad” a veces parece ser que estuviésemos en Esparta, donde al discapacitado se lo eliminaba al nacer, arrojándolo desde el monte Taigeto, o en la Edad Media, acusándolos de brujos o sirviendo de entretenimiento en la corte de algún rey o en un circo, o encerrándolo en algún manicomio…Ha corrido mucha agua bajo el puente y llegamos a un siglo convulsionado, con avances y retrocesos. Hoy no se los arroja desde ningún monte, pero en algunas ocasiones se los esconde y no se respeta su condición de ser “otro” distinto (a los otros seres humanos) en capacidad física pero con iguales derechos (a los otros seres humanos/ ley 24901). El pasado 14 de mayo usé mi certificado de discapacidad y viajé a Salta con una amiga, por la empresa Chevallier. Viajamos en los últimos asientos de la parte superior del coche. Al lado nuestro viajaba una pareja de discapacitados también. Él tenía problemas en el habla y dificultad en su andar, y ella usaba bastones canadienses. Creo que no hay que ser muy sagaz para darse cuenta de lo que ello implica para subir y bajar las escaleras de un ómnibus. ¿Era imposible darles los asientos de abajo, o, acaso se trataba de asientos cama o semicama que a empresa debía vender y no otorgar en forma gratuita? ¿Será esta alguna vez una sociedad justa en donde el código de valor y sentido común que cada ciudadano posee prime por sobre todo, sin necesidad de que medie ninguna ley o se necesitará siempre del rigor de la aplicación de la ley escrita? Ojalá fuese solo lo primero, pero, si no lo es, está lo segundo para quien corresponda.
Mercedes M. Lamas
DNI 13.502.219
Gracias por todo
Como familiar de la jubilada Beatriz Mackena, quiero agradecer en forma personal el compromiso de todo un grupo de personas, teniendo en cuenta lo complejo del sistema, por el cual atraviesa este prestador del Estado. Tuve la fortuna de dar con personas expeditivas, tanto dentro de Pami como del Sanatorio Laprida, donde fue atendida y operada, teniendo en cuenta que se necesitaba una importante prótesis para su brazo derecho, la cual fue cubierta y entregada por Pami e implantada en el Sanatorio Laprida. En esta simple nota de reconocimiento, deseo hacer referencia a los grandes y a su vez, humildes profesionales y administrativos, gracias a los cuales llegamos a muy buen fin. Deseo mencionar a los doctores Palaus, Irina Morel y Cristina Mastrota, y a la señora Silvia Dedola. Y en el grupo Laprida, mi especial agradecimiento a Ignacio Guidineli y a la señora María de los Angeles Canaves, al doctor Echegaray y a la destacada atención del doctor Mariano Obai. Solicitando desde este humilde lugar tengan a bien lograr una gestión administrativa a través de la cual, dichos trámites burocráticos cada día puedan ser más rápidos y simples, para que muchos jubilados argentinos tengan acceso a todas vuestras prestaciones de salud, logrando llegar a buen término, en tiempo y forma.
Claudia Morata
DNI 13.752.689
Mejores años para la República
Los únicos privilegiados son los niños, así ya lo decía en los años 50 el general Perón: han pasado más de 50 años y hoy día nos vemos ante este nuevo tipo de privilegiados que ya no son los niños sino nuestros queridos políticos. Es algo que realmente lo han podido lograr,gracias a la democracia que supimos conseguir en estos ultimos 30 años.No sería necesario enumerar los múltiples beneficios que estos señores tienen, basta simplemente con consultar con la ciudadanía y ellos sabrán explicar mejor que yo estas cuestiones. no obstante entiendo que a nuestra democracia debemos de protegerla todos y a pesar de ser no una de las mejores,sigue siendo mejor que las mejores dictaduras. tal vez con el tiempo y en la medida que nuestra democracia se vaya afirmando,logremos también mejores ciudadanos que se atrevan a dedicarse a hacer política, preparados los mismos sabiamente y que puedan superar a los actuales políticos de estas últimas palabras no me cabe la menor duda que lo harán. Por ello es que me animo a pronosticar que sin duda alguna se vienen nuevos y mejores años para nuestra República. Así sea y que Dios los ilumine.
Armando Torres Arrabal
La rebelión de la verdad
El avance del engaño, y su inconsciente aceptación, genera un retroceso de la verdad y dificulta la posibilidad de reconocerla. R. Trivers, experto en psicología evolutiva, cree que hay engaños en todos los niveles de la vida. Que lo compartimos con los virus, las bacterias, las plantas, los insectos y otros animales; es omnipresente. El engaño contamina las relaciones de la vida, las del parásito y su huésped, del predador y su presa, entre plantas y animales, entre vecino y vecino, de padres e hijos, esposo y esposa, política y pueblo, incluso en un organismo consigo mismo. El engaño existe en casi todas las relaciones internas de una especie, ya que ofrece ventajas especiales a saber: el que engaña toma la iniciativa y el engañado siempre va a la zaga. Al proponerse un nuevo engaño, toma por sorpresa a individuos que carecen de defensas contra él. Sin embargo, a medida que el engaño se difunde, la selección natural también favorece el desarrollo de defensa de las víctimas y al cabo de un tiempo los movimientos contraofensivos suelen destruirlo. Convivir con la versión más conveniente de las cosas, aunque sean falsas, hace que nos movamos en sociedad convencidos en defender los intereses propios,teniendo la mejor opinión de nosotros mismos, abominando la mentira de los demás como una lacra social. Nuestra brillante evolución nos lleva a ese punto de funcionalidad. En coherencia con esta confusión, la mayoría aceptamos que la mentira, el verbo más utilizado por el hombre, es una actitud generalizada; pero no somos conscientes de hasta dónde llega. Mentimos más de lo que piensan los más desconfiados, y ni unos ni otros sabemos que antes hemos metabolizado la falsedad y no logramos distinguir entre mentir, o decir una media verdad, de lo que transmitimos. Sin prever producto de la soberbia, que no todos somos capaces de ser buenos mentirosos. Dice Inclán: “Entre todas las especies, sólo el hombre ha llevado a la sofisticación el engañarse a sí mismo como la mejor forma de afrontar con mayor naturalidad la mentira hacia los demás; actitud que le lleva a perder conciencia de su propia mentira y asumirla sin duda alguna”. Albert Camus dice: “Mi héroe es condenado a morir, porque no juega el clásico juego de la mentira... porque rechaza mentir”. Hoy, hartos de denuncias sin finales concretos, promesas sin argumentos y preguntas sin respuestas, valdría recordar que “para aquellos cuya virtud no es precisamente la memoria, deberían evitar las mentiras”. Oyendo interminables discursos enardecidos por hallar culpables, con beneficios personales, nuestra experiencia democrática nos conduce igual que a Camus, a terminar aceptando que: “Las verdades aplastantes generalmente desaparecen cuando son reconocidas”. Pertenecemos a una especie que ha perfeccionado sus habilidades de falseamiento y mixtificación. La actual televisión, y el tóxico que destila, con escasas excepciones, es un ejemplo contundente y masificado, sobre un siniestro proyecto de construcción de consenso. Queda tener paciencia, sólo falta tiempo de madurar, procurando humildemente y sin pausas imponer la rebelión de la verdad, para terminar convenciendo a los crédulos, intentando de cualquier modo alejar a los hipócritas.
Norberto Ivaldi
Viajar como ganado
Sorprende que conductores de ómnibus dejen subir sin límite a los pasajeros. Esto debería movilizar especialmente a las empresas, a los choferes, y a nosotros mismos si estuviera en nuestras posibilidades. Esta realidad, aparte de ser una situación incómoda, tiene peligrosidad que habría que considerar. Pese al paso del tiempo, se observa que esto no es tenido en cuenta. Se exponen vidas, pudiendo esto manejarse de otra manera, más humana y más racionalmente. Estamos ante un pésimo hábito que hay que cambiar a corto plazo. Quienes tienen la posibilidad de hacerlo, ya es tiempo de revertirlo. Dicen que por día se rompen muchas unidades. Hay que ver entonces la forma de subsanarlo, y que no implique ir como ganado en un colectivo, hecho que es de larga data. Si bien es cierto que son muchas las veces que debemos llegar a horario a un trabajo, a un médico, a retirar niños del colegio, entre otras cosas, no hay que poner nunca en peligro a los seres humanos.
Nora Cardarelli
DNI 14.510.012