Jueves 14 de Noviembre de 2013
Con un calor agobiante y en condiciones precarias, unos ocho bebés prematuros luchan por sobrevivir en el único hospital que se mantiene en funcionamiento en la ciudad de Tacloban, la más afectada por el tifón Haiyan.
Según la agencia Reuters, sus madres, preocupadas, vigilan constantemente a sus bebés y los abanican en su intento desesperado por aliviarlos de tanto calor. No hay ni luz, ni agua potable y se están agotando los suministros médicos.
El octavo bebé nació dos días después de que el viernes pasado el tifón arrasara el centro de Filipinas y se mantiene con vida gracias a que su abuela le hace llegar el aire con sus propias manos a sus débiles pulmones. De los ocho, solo uno está lo suficientemente fuerte como para llorar. Los otros permanecen prácticamente sin moverse mientras luchan por sobrevivir.
"Nuestros problemas inmediatos son inmensos", dijo el doctor Alberto de León, director del Centro Médico Regional de las Bisayas Orientales. "Me preocupa que los recién nacidos contraigan infecciones hospitalarias", explicó de León.
Muchos de los 80 bebés nacidos desde el tifón lo hicieron de forma prematura, ya que sus madres se pusieron de parto con antelación como consecuencia del trauma del viernes pasado.
Y aunque los filipinos están acostumbrados a la amenaza de los tifones —han sufrido más de 20 sólo en este año— ninguno se acerca a la magnitud de este. "Creo que lo que lo hizo particularmente peligroso fue que alcanzó su punto máximo de intensidad cuando llegó a la costa, y por eso es probablemente uno de los tifones más poderosos que jamás haya tocado tierra", dijo a la BBC Julian Heming, meteorólo británico. Haiyán presentó características inusuales que incrementaron su potencia.