Jueves 20 de Enero de 2011
Washington.— El presidente de EEUU, Barack Obama, recibió a su colega chino Hu Jintao en la Casa Blanca ayer con todos los honores, incluida la alfombra roja y la guardia militar en uniformes históricos. Sin embargo, los mandatarios no aguardaron para enviarse mensajes filosos al comienzo de una serie de reuniones sobre comercio bilateral, seguridad y derechos humanos, asuntos que han provocado tensión entre las dos potencias.
En su discurso de bienvenida, tras afirmar que cada país tenía un enorme interés en juego en el futuro del otro, Obama abordó el tema de los derechos humanos. “La historia demuestra que las sociedades son más armoniosas, las naciones más prósperas y el mundo más justo cuando se protegen los derechos y responsabilidades de todas las naciones y todos los pueblos, incluidos los derechos universales de cada ser humano”, dijo el presidente norteamericano.
Hu respondió que la relación entre las dos potencias debe basarse en el “respeto mutuo”, y cada país debe reconocer los intereses medulares y elección del camino de desarrollo del otro, insinuando que hay límites a lo que Pekín está dispuesto a aceptar de parte de Washington.
“Respeto mutuo”. Más tarde, en una conferencia de prensa conjunta, Hu reconoció que su país debe hacer más para promover los derechos humanos. “China todavía enfrenta desafíos en su desarrollo económico y social, y aún falta mucho por hacer en términos de derechos humanos”, afirmó. Sin embargo, reiteró que Pekín considera a los derechos humanos como un asunto interno, y que las discusiones sobre el tema deben tener lugar bajo condiciones de respeto mutuo.
Esta fue la primera visita de Hu a EEUU desde 2006, cuando la ceremonia de bienvenida se vio trastornada por torpezas protocolares y los gritos hostiles de un miembro del grupo espiritual Falun Gong. Nada de ello sucedió ayer. El arribo siguió una coreografía estricta, con apretones de mano del presidente, el vicepresidente Joe Biden, las esposas de ambos y una larga hilera de dignatarios de Washington y Pekín.
Obama y Hu asistieron en posición de firmes a la ejecución de los himnos nacionales por una banda militar. El himno chino fue anunciado correctamente como el de la “República Popular China”, evitando una metida de pata como la de 2006, cuando el anunciador usó el nombre oficial de Taiwán.
Los presidentes pasaron revista a la tropa formada en el jardín de la Casa Blanca y luego se acercaron a una valla donde saludaron a niños y jóvenes que portaban banderas de los dos países.
No obstante, pese a las sonrisas y saludos, no se espera que la visita de Hu deje como resultado grandes avances en disputas clave para los dos países, ni incluso que llegue a estrechar las diferencias de manera significativa.
Una prueba. Algunos en Washington y Pekín están tratando a la cumbre como una prueba de cuán bien pueden trabajar ambas potencias juntas, mientras las ambiciones de China crecen al ritmo de su rápida expansión económica.
La secretaria de Estado, Hillary Clinton, instó a China a una mayor cooperación para enfrentar el programa nuclear de Corea del Norte y “su comportamiento provocador”, y señaló que el gobierno estaba presionando a Pekín “muy fuerte” para que cumpla con las sanciones de Naciones Unidas contra Irán.
Hu ha sido reacio a ceder terreno a las demandas para que intensifique la presión sobre Corea del Norte, aliado de China, a fin de que abandone su programa nuclear, luego de que el régimen de Pyongyang alarmó a la región al bombardear una isla surcoreana.
Pekín tampoco ha hecho caso a las demandas para una apreciación más rápida del yuan, que podría encarecer relativamente los productos chinos y ayudaría a reducir el superávit comercial de China con EEUU, que Washington estima en 270.000 millones de dólares. l