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Obama se llevó del G-20 el apoyo de 10 países a su acusación contra Assad

El mundo ante la guerra en Siria. Firmaron un documento donde culpan al dictador sirio del ataque químico, pero eluden respaldar la ofensiva militar que impulsa Washington.  

Sábado 07 de Septiembre de 2013

El presidente estadounidense, Barack Obama, logró el apoyo de 10 de los países que integran el G-20 para condenar al presidente sirio Bashar Assad como responsable de un ataque químico contra civiles, aunque no compartieron su iniciativa de una ofensiva militar. "Pedimos una respuesta internacional fuerte a esta violación grave de las reglas mundiales" reclamaron 11 naciones, que condenaron por escrito el ataque con armas químicas verificado en Siria el 21 de agosto. Fue el único éxito que se apuntó Obama en el G-20 de San Petersburgo. Rusia encabezó la oposición a una intervención armada de EEUU contra su aliado árabe, que sin embargo parece cada vez más inminente. Obama y Vladimir Putin tuvieron ayer un encuentro antes del cierre de la cumbre, que sin embargo no logró desbloquear la situación sobre Siria. Argentina integra el grupo de naciones del G-20 que en este tema lidera Rusia e incluye a Brasil India y China, entre otros países.

"La evidencia claramente apunta a que el gobierno sirio es responsable del ataque, que es parte de un patrón del uso de armas químicas por parte del régimen" de Assad, señaló el comunicado difundido al término de la cumbre del G-20. La declaración fue firmada por mandatarios y representantes de Australia, Canadá, Francia, Italia, Japón, Corea del Sur, Arabia Saudita, Turquía, Gran Bretaña, Estados Unidos y España, que no es parte del G-20 pero sí invitada permanente a este foro. El comunicado evita sin embargo un llamado a una reacción militar. "Pedimos una respuesta internacional fuerte a esta violación grave de las reglas mundiales y conciencia de que enviaremos un claro mensaje de que este tipo de atrocidad no puede repetirse jamás. Aquellos que perpetraron estos crímenes deben hacerse responsables", agrega el escrito. Es claro que países como Arabia Saudita y Turquía apoyan la iniciativa militar estadounidense e incluso la podrían apoyar materialmente mediante el préstamo de bases en su territorio a aviones de EEUU. Francia, asimismo, participaría directamente de la incursión contra el régimen sirio, pero ayer el presidente François Hollande puso un freno a esa opción: anunció que esperará el informe de los inspectores de la ONU sobre el uso de armas químicas en Siria antes de unirse a cualquier acción militar.

Diálogo imprevisto. Durante la jornada de cierre del G-20, Obama y Vladimir Putin mantuvieron un imprevisto encuentro al margen de la cumbre, en el que hablaron sobre Siria pero sin ponerse de acuerdo, luego de una tensa discusión entre todos los líderes del grupo sostenida la noche del jueves. Putin comentó que la reunión de 20 minutos con Obama fue "sustancial y constructiva", pero que cada uno mantuvo su posición. "Nos escuchamos y entendimos nuestros argumentos, pero no coincidimos. Nos quedamos cada uno con su propia opinión. Pero hay diálogo", señaló el mandatario ruso. Obama, por su lado, relató que fue una "conversación franca y constructiva", pese a que ambos no están de acuerdo en cómo responder al uso de armas químicas en Siria.

El hecho es que Obama "resistió las presiones para abandonar sus planes de ataque" en Rusia, según reseñó la agencia Reuters, al tiempo que logró un éxito diplomático limitado al "enrolar" en el documento de condena de Assad a 10 naciones de primer orden, cuatro de ellas involucradas regionalmente en la zona del conflicto (Italia, Francia, Turquía y Arabia Saudita).

Las lecturas de los medios sobre el balance final del G-20 variaron mucho. Para la agencia alemana DPA, "Obama fracasó en su principal objetivo: buscar más aliados para el ataque contra el régimen sirio". La agencia alemana sostiene que este "traspié puede cambiar el curso de la crisis".

Los medios estadounidenses, en tanto, ya se concentran en la votación del Congreso para autorizar a Obama a lanzar el ataque. Aunque en la Casa Blanca hay optimismo, ayer el Washington Post señalaba en su conteo diario que en la Cámara baja habría 223 legisladores que votarían por el "no" o "con tendencia al no". Ese número supera el de 217 que se necesita para rechazar la resolución.

Hablará Obama.Ante este panorama incierto en el Capitolio, Barack Obama anticipó que expondrá directamente a los estadounidenses sus argumentos en favor de una acción militar contra Siria la próxima semana, y reconoció sus problemas en convencer al Congreso. En Rusia Obama comentó a periodistas que se dirigirá a la nación desde la Casa Blanca el próximo martes, en un esfuerzo por lograr el apoyo público y del Congreso para una respuesta militar a la utilización de armas químicas en Siria. Además de la resistencia del Congreso, muchos sondeos de opinión muestran a un público cansado de la guerra que se opone a otra acción militar estadounidense en Medio Oriente. "En términos de los votos y el proceso en el Congreso, sabía que esto iba a ser una carga pesada", dijo Obama en San Petersburgo. "Yo entiendo el escepticismo. Creo que es muy importante, por lo tanto para nosotros buscar una solución, sistemáticamente, presentando el caso a cada senador y a cada miembro del Congreso. Y eso es lo que estamos haciendo" afirmó.

 

Debate militar.A la vez, crece el debate tanto dentro del gobierno como entre especialistas sobre el alcance de la ofensiva. Al plan inicial de lanzar sólo misiles de crucero Tomahawk desde embarcaciones, ahora se estarían agregando bombardeos aéreos. En medios estadounidenses comenzó a mencionarse a los bombarderos pesados B-2, del tipo "stealth" o indetectable para los radares.

Para el analista Jeffrey Martini, de Rand Corporation, "si realmente deseamos tener un efecto militar, podríamos privar al régimen de su medio de ataque más eficaz, la artillería. Esa operación sería muy diferente de la que el gobierno pretende realizar", y sobre todo más extensa en duración y alcance. Obama al parecer prefiere una acción muy limitada y "de castigo".

Los antecedentes de este tipo de operaciones limitadas no son positivos: en 1986 se realizó una acción de este tipo contra Libia, y en 1998 contra Sudán y Afganistán, sin lograr resultados militares o políticos importantes. Los que critican un ataque muy limitado tienen en mente los dos meses de operaciones aéreas contra Serbia en 1999, que frenaron la "limpieza étnica" de Kosovo, o la ofensiva aérea en Bosnia de 1995, también efectiva para detener a los serbios y cambiar el destino del conflicto balcánico.

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