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Obama pierde el carisma popular que lo catapultó al poder hace cuatro años

Su primera gira electoral evidenció que ya no entusiasma a las masas como antes. La economía que no consigue despegar y la dilatada reforma migratoria son sus peores enemigos.

Domingo 15 de Julio de 2012

Pittsburgh. — De Toledo a Pittsburgh hay 400 kilómetros de ruta en los que en estos días se expusieron algunos argumentos de la campaña electoral de Estados Unidos, se reflejaron algunas de las incertidumbres sobre su resultado y, por encima de todo, se certificó una realidad: el fenómeno Obama, esa gigantesca ola de afecto popular que sorprendió al mundo hace cuatro años, está moribunda, si es que no enterrada ya. Aunque su popularidad es alta, las multitudes no lo acompañan como antes.

Por primera vez desde que llegó a la Casa Blanca, el presidente Barack Obama salió a las rutas hace unos días en los Estados de Ohio y Pensilvania, de enorme peso en las urnas, dispuesto a rememorar sus mejores momentos como apóstol de la esperanza, pero al final todo, quedó reducido a un ejercicio rutinario de petición de voto. Eso no es, necesariamente, un pronóstico electoral. Obama tiene todavía combustible suficientes para ser reelegido. Las encuestas aún lo favorecen y la aritmética electoral sigue apostando a que obtendrá la victoria en noviembre. Pero, de hacerlo, lo conseguirá con armas distintas a las que utilizó en 2008.

Como los demás. La mística, la ilusión, la euforia, la fe, todas aquellas cualidades extrapolíticas que encumbraron a Obama en su día, se esfumaron. Hoy el presidente estadounidense es un político convencional, mejor o peor que su contrincante —eso, el tiempo y los electores lo decidirán— pero tan mortal como él.

Después de tres años y medio de una presidencia irregular, con éxitos como la reforma sanitaria o la muerte del terrorista más buscado por Estados Unidos, el líder de Al Qaeda Osama Bin Laden, y varias la gunas, como el hecho de que el plan de estímulo económico de 2009 no obtuviera los resultados previstos, el desgaste de Obama se aprecia no sólo en las canas. Su oratoria se hizo monótona y poco convincente; su dialéctica resulta rudimentaria. Y su mayor problema es que ese agotamiento se aprecia también entre sus seguidores, envueltos en un halo de melancolía por lo que pudo ser y no fue.

En cuatro de los cinco mítines en los que participó durante la gira de estos días, el público reunido apenas llegó a unos pocos centenares, frente a los miles e incluso decenas de miles que lo seguían en 2007. Sólo en Pittsburgh, favorecido por el escenario juvenil de la Universidad Carnegie Mellon, llegó a los cinco mil, según las cifras de su propia campaña.

Fue en ese último acto en el que pronunció la frase que define el momento actual: "Si siguen confiando en mí como yo confío en ustedes y me apoyan en 2012, juntos sacaremos esta economía adelante". ¿Pueden los trabajadores seguir confiando en Obama pese a que el desempleo se mantiene en el 8,2 por ciento? ¿Pueden los hispanos seguir confiando en Obama pese a que haya incumplido la promesa de hacer una ley de inmigración? ¿Puede la izquierda seguir confiando en Obama después de que mantuvo abierto la prisión naval de Guantánamo, Cuba, y multiplicó los mortíferos ataques indiscriminados con aviones sin tripulación? ¿Pueden todos los que aspiran al sueño americano confiar en Obama con un futuro tan incierto en una economía que crece al dos por ciento?

Alternativa. Aquellos cuya respuesta a esas preguntas sea negativa tendrán que considerar la alternativa que tienen en sus manos. Mitt Romney presenta sus propias y serias limitaciones, empezando por su propia indefinición. David Axelrod, el director de la campaña de Obama, dijo que el candidato republicano es "el personaje más secreto desde Richard Nixon". En relación con casi cualquier gran asunto de preocupación nacional, Romney no expresó hasta ahora más que vacilaciones o flagrantes contradicciones.

Hay que recordar que las elecciones de Estados Unidos no son elecciones nacionales: son 50 elecciones en otros tantos Estados, de los cuales 40 están ya prácticamente decididos a favor de uno o de otro candidato.

Todo se juega en el terreno reducido de una decena de Estados, entre los que Obama tiene actualmente ventaja en ocho puntos. Se trata de ventajas escasas que cuatro meses de campaña pueden aún hacer cambiar, pero para ello sería necesario que el rechazo al presidente fuese mayoritario y categórico, o bien que su rival consiguiese generar una fuerte corriente de ilusión. Ninguna de las dos cosas se da en estos momentos.

Obama admite que no se consiguió todo lo prometió. "Es cierto que no llegamos adonde queríamos y que aún queda mucho por hacer", expresó.

Símbolo de poder. La eficacia manda sobre las ideas, las prioridades electorales van por delante de todo lo demás. También en eso Obama se volvió un político común. Entre los instrumentos útiles para la victoria que Obama tiene en sus manos está el de su propia posición. El ómnibus que trasladó a Obama por las rutas de Ohio y Pensilvania llevaba grabado al frente y a los costados el sello presidencial, un emblema que todavía significa algo entre los estadounidenses.

De color negro y aparatoso blindaje, ese megacolectivo era en sí mismo un símbolo del poder de esta nación. Obama manejó ese poder con una política exterior en la que combinó la fuerza y la paciencia, para que el país recupere el prestigio perdido en la presidencia anterior. Sus compatriotas respaldan esa política y este es otro tanto para el candidato demócrata. Pero queda mucha campaña por delante. Muchas cosas pueden ocurrir aún, y Obama ya no tiene la misma magia para sortear obstáculos. En 2008, su contrincante John McCain tuvo que pelear contra un duende. Esta vez es una pelea de hombre contra hombre.

El presidente anunció por estos días que recaudó 71 millones de dólares en junio para su campaña de reelección, después de que el candidato republicano, Mitt Romney, reportara 106 millones durante el mismo período. Otra vez. Se trata del segundo mes consecutivo en que Romney recaudó más dinero, lo que subraya el desafío para Obama con vistas a los comicios de noviembre.

Preocupación. La mala noticia para el presidente se produce en momentos en que los funcionarios de su campaña manifestaron en público su preocupación porque están en camino de perder la competencia por la mayor recaudación. En un correo electrónico enviado a los simpatizantes hace cuatro días, el gerente de la campaña de Obama, Jim Messina, escribió: "Su brecha es cada vez más amplia, y si continúa a este ritmo, nos podría costar la elección".

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